viernes, noviembre 25, 2011

Virginia y la suerte

A estas horas, Virginia,
todos nuestros hombres están muertos
o son reminiscencias de nosotras.

Los naipes descansan en la mesa redonda
esperando la mañana que los desplace
con su voz de platos
y la primera agua de las bocas.

La gente contará los números que desconoce
y creerá que la suma es la tenencia
pero no.

No tenemos nada que nos represente
sólo somos un espacio de escritura,
un quiero decir más
pero no puedo,
no me corresponde.

El verano se vaciará lentamente
en los gritos de los pescadores
las sardinas saltarán en nuestros ojos,
caminaremos por veredas deshabitadas
y cuando alguien diga que el presente es insatisfactorio,
asentiremos.

Creeremos fervientemente en el síntoma,
en los apagones de luz como un conjuro,
en la sombra de nuestros hermanos,
en las pesadillas.

Y un día, despertaremos.

La suerte, Virginia, somos nosotras,
la atadura de este tiempo indescifrable.

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