jueves, abril 27, 2017
"La tía" y "Cicatrices en la boca"
Presentamos nuestros libros el viernes 21 de abril de 2017 a las 7 p.m. en el restaurante y centro cultural Punto Centro, en el Zócalo de Acapulco. Gracias a Azul Ramos. Fue hermoso.
miércoles, marzo 15, 2017
lunes, febrero 20, 2017
Mi primer taller de poesía
"Mi primer taller de poesía" para www.skribalia.com empieza el viernes 3 de marzo de 2017. Dura cuatro semanas. Pueden tomarlo desde cualquier lugar del mundo. Toda la información aquí:
También pueden escribir a info@skribalia.com
sábado, febrero 04, 2017
37
Creo que siempre me ha
gustado cumplir años. En general, me gustan las celebraciones de los
ciclos ajenos y propios. Mi cumpleaños me permite celebrar que estoy
viva, que no he cedido a la angustia existencial, ni a la sombra ni
al abismo (la pulsión de vida es más fuerte que la pulsión de
muerte). Celebrar que he aprendido cosas que necesitaba, duras,
álgidas, insoportables, pero también luminosas.
Este martes 7 de febrero,
cumpliré 37 años, volátiles, volcánicos, telúricos (esa palabra
que tanto repito). Son un montón de años, una tanatada de años, si
viviéramos en el siglo XVIII o antes, ya sería una anciana. Aunque
a veces me siento una niña anciana. Me llevo mejor con los niños y
los ancianos porque no tienen introyectado el bien decir y son más
espontáneos en su comunicación con los demás. Tal vez por eso hago
yoga con ese grupo de edad.
Siempre me dijeron que
soy una “traga años”, y hay algunas personas que durante mucho
tiempo creyeron que tenía mucho menos años que los que tengo y un
día se dieron cuenta de mi edad y medio se atragantaron. Alguien por
ahí dirá que soy chavo ruca. Yo le diría que sí y que también
soy “buena ondita”. La señora Marisela dice que me veo más
joven porque no hago corajes. Si supiera. Debajo de mi temperamento
aparentemente equilibrado, suelo sostenter un diálogo permanente con
una ira ancestral.
Hace una vuelta al sol, yo
tenía una panza muy grande en la que palpitaba un ser al que ya
nombraba sin verle: Agustín. Ahora de casi once meses de vida. No
soy ni medianamente la misma que era hace un año. Algo tremendo se
abrió en mí y de ese algo, además de luz y vida, brotaron
fantasmas, angustias y muchas preguntas.
Me siento en un momento
de profundo discernimiento, en medio de múltiples encrucijadas
materiales y espirituales. Rumiando como una vaca sentimental.
Goteando leche, durmiendo a ratos, con los ojos propensos al llanto
repentino, al borde de mí y de la montaña que es la vida.
Melancólica, vulnerable, todavía abierta al Misterio que fue haber
dado vida a otro ser. Un poco un charquito o un pañuelo arrugado,
pero de pie, siempre de pie, sabiendo que de esta hipersensibilidad
andante brotarán frutos resplandescientes.
Sabiendo que soy fuerte,
porque puedo sostener a otro ser, porque he aprendido a darme
hondamente y por completo y porque soy capaz de, como una loba,
defender a dentelladas a mi hijo, de lo que sea.
Aunque ha pasado una
tanatada de años por mi cuerpo, sigo creyendo en eso que los seres
humanos llamamos 'amor'. Y no el amor romántico ni el amor idílico,
corroído de capitalismo y/o machismo. No, sigo creyendo que aunque
somos una especie mezquina con el planeta y entre nosotros mismos,
también poseemos la posibilidad de discernir y amar, tener gestos de
profunda identificación con el otro, darnos, abrirnos.
Sin duda, soy más
desconfiada que hace un año, las vueltas recurrentes al sol me han
enseñado quienes son incondicionales en mi vida y quienes
definitivamente no. Y aunque es triste sentir que algunas personas en
las que creía terminarán de desaparecer de entre mis afectos, es
tranquilizador pensar que estoy rodeada justo de las personas que
necesito y me aman.
Quiero ser agua para
aquellos a los que amo, un pastito breve de luz, un ser incondicional
a ellos. Ellos, esas personas a quienes amo desaforadamente, saben
quienes son y tienen de mí la luz vulnerable que ahorita me habita y
la promesa de que mi fuerza está mutando para volver a rielar y
resplandecer.
Lauri García Dueñas
Acapulco, Guerrero,
México, sábado 4 de febrero de 2017.
martes, diciembre 13, 2016
Gané los XVII Juegos Florales de Chalatenango de Poesía en El Salvador
http://www.cultura.gob.sv/secultura-premio-a-ganadores-de-los-juegos-florales-2016/
¡Contenta! Mi segundo premio nacional en dos años :B
¡Contenta! Mi segundo premio nacional en dos años :B
lunes, noviembre 28, 2016
La crónica como antídoto. La calle como espacio de intercambios.
Aquí pueden encontrar mis minicrónicas "Por la señal de la peloncita" que ganaron el tercer lugar el año pasado.
Transfronterizas. 38 poetas latinoamericanas.
Es un honor para mí aparecer publicada en "Transfronterizas. 38 poetas latinoamericanas". Ediciones Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
lunes, octubre 24, 2016
jueves, octubre 20, 2016
lunes, octubre 03, 2016
América (lectura completa)
Agradezco.
Por si quieren leer el texto:
https://www.scribd.com/doc/256789584/Lauri-Garcia-Duenas-America-ed-bilingue
viernes, septiembre 30, 2016
43 poeti per Ayotzinapa
Tradujeron al italiano nuestros poemas dedicados a los muchachos desaparecidos en Ayotzinapa. Todas las ganancias del libro serán entregadas a sus padres. Seguimos exigiendo JUSTICIA.
http://www.edizioniarcoiris.it/index.php?id_product=248&controller=product
http://www.edizioniarcoiris.it/index.php?id_product=248&controller=product
sábado, septiembre 24, 2016
Deseo y Escritura
El libro de Ginn Arias Alberto Báez Munguía Rosa Guadalupe García Mónica Villalobos Manzano Eliana Zaghis se presentó ayer viernes 23 de septiembre de 2016 en Wiser Books & Coffee
Dos años después de encontrarnos en una bella, antigua y medio derruida
biblioteca de Coyoacán. La escritura existe, muchas veces atravesada
por la complicidad de animales que solo escriben y se enamoran, como
dice J.E. Eielson. Estoy contenta de acompañar la escritura de otros, de
verla encarnar, de verla desbocarse :D Que vengan más textos, que no pare el deseo.
martes, septiembre 20, 2016
jueves, septiembre 15, 2016
Nociones de patria
Desde que nació Agustín,
la palabra patria es todavía más incierta y dúctil para mí,
porque aunque tengo diez años viviendo en el extranjero, para los
mexicanos soy salvadoreña y para los salvadoreños, mexicana.
Quedé entonces en el
limbo de los desterrados y exiliados por voluntad propia, con los
afectos divididos y cada día extrañando a la mitad de mi vida,
independientemente de la geografía en que me encuentre.
Pienso en la palabra
patria y me vienen a la mente el mar Pacífico, la lengua española,
los vínculos sanguíneos y escogidos, la tierra negra, la arena,
cierta música y lo mismo una pupusa que un buen mole verde.
Cómo, ahora que soy
madre, le enseñaré a mi hijo lo que siento por un país en el que
no vivimos. He empezado, sin planearlo, mediante el lenguaje, surco
de tantos equívocos. Le canto el Poema de Amor de Roque Dalton,
versión Yolocamba Ita, y cada vez que lo hago mis ojos se vuelven
laguna viendo en Youtube a los hijos de Roque llorar, no por el poeta
sino por el cuerpo del padre desaparecido, asesinado y sin sepultura,
le canto “Canasunganana” de Exceso de equipaje, que en la
universidad no me gustaba y ahora sí. Lloro pensando en la abuela
trabajadora a la que le urge que el bebé duerma para hacer el
quehacer, como a mí. El llorar, en mi caso, es un mecanismo
descompuesto, como dice Rosario Castellanos. Últimamente, tengo el
botón de llorar en ON cuasi permanente. Hormonas, dicen.
Desde este país
diferente que es la maternidad, también le canto “El sombrero
azul”, versión Ali Primera y en mi voz quisiera que cupiera , al
menos, lo que sé del paisito desde la cruenta masacre de 1932, poder
contarle de la guerra civil, la violencia, pero también quisiera
regalarle a mi hijo una bandada de pericos extintos a las 5 p.m. o
una nieve del Pops.
De qué se trata entonces
esa sustancia incierta denominada “patria”. Antonio, uno de mis
estudiantes del taller de Poesía Vida en el reclusorio de Acapulco,
dijo que patria es lo que tú quieres que sea. De repente, una se
siente sin suelo, al menos yo me siento así a un año de haberme
mudado de ciudad, y, de pronto, me asola el vértigo por lo
desconocido o lo que me queda por construir de posibles vínculos.
Mientras esta ola de
vértigo pierde fuerza y voy cayendo en situación; la canción, mi
propio canto, la música, se ha vuelto parte de la patria fragmentada
que comparto con mi hijo.
Pronto, él conocerá a
mis padres, a mi familia, a varios de mis amigos de allá, el color
del cielo de El Salvador, la vista al volcán de San Salvador y un
poco del sabor de la comida que se vuelve patrimonio emocional en la
infancia y tendrá, al menos, dos patrias (El Salvador y México),
resquebrajadas, asoladas por circunstancias sociales extremas, pero
también como un cosmos lleno de posibilidades.
Para mientras, le sigo
cantando y, aunque supuestamente no me entienda, yo sé que me
entiende, seguiré tarareando todo lo que pueda recordarme a El
Salvador. La patria también es canto ¿Verdad?
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