en la cima de un quinto piso quemé mis fotos.
quizás padezco de infamia o falta de memoria histórica
pero las palabras incoherentes son presa fácil de la azotea.
te amo de maneras pornográficas,
te extraño sobre las cenizas exiguas de mi pasado.

pulpos violáceos regodeándose en la cama,
tentáculos de pacaya, tres girasoles olvidados,
siestas que huyen del resplandor,
aterrizaje forzoso de la intimidad,
pum, caí.
con los ganchos de colores para colgar la ropa
los cráteres fulgurantes que atisbas desde el espacio
el dolor esencial de hacer contacto con otras constelaciones
de piel verde
mísera ilusa,
no quedaba agua suficiente para darnos de beber
entonces, dinamité por completo
la confianza en el progreso de la humanidad
pobre especie marchita, me dije
con sus tentáculos de pacaya,
amantes enfermos de inconformidad,
voluptuosidad impune,
ropa sucia al pie del sofá
¿Por qué tuve que equivocarme?
3.02 p.m.
Ciudad de México
es necesario este poema
para descuajar las neuronas algo dormidas
este cuerpo que últimamente no tiene ganas
estos ojos que andan tan dentro de sí mismos
que empiezo a hacerme preguntas incómodas
he habitado mis días dentro de una total quietud
en contemplación asombrada de displicencia y pereza
abatida en un coleccionismo de palabras que todavía no se conectan
torturada por la duda del por qué uno escribe
confundida
pero todo empezó de nuevo
cuando se hicieron urgentes esas mismas palabras desunidas para decirte que:
todavía te quiero aunque ya no esté de viaje
el querer no es una cuestión geográfica
aunque uno a veces se pierde y se vuelve a encontrar
entonces me busqué y este poema se me hizo urgente
ante dos hombres y una tristeza repentina
algo debe hacerse
sigo sin duda en la búsqueda de esa esencialidad profunda de la que un día te hablé
y el hombre que me invitó a escribir de nuevo fue alguien que conocí ayer
no te preocupes
no nos dirigirnos más que la mirada
él tenía muchos años más que yo
un suéter verde
los zapatos viejos bien lustrados
una caja para hacer rótulos
una mirada tan traslúcida que me hizo parecer perversa
unos surcos de vida en los que podemos jugar al tobogán
nosotros los niños que siempre tuvimos todo
entonces volví en mí y me dije:
es necesario este poema
aunque no me guste
aunque no esté en verso
acepto que me equivoqué toda la vida
y ahora me propongo contar las sílabas
escuchar el ritmo informe de mis anhelos
ser una amante disciplinada de lo que quise
dejar de jugar a las muñecas
e inventar discursos más propensos al goce
la necesidad es una sed que convulsiona dentro de nosotros mismos
es escuchar en silencio la confesión queda del tiempo
es fallar disciplinadamente
tartamudear al hablar
y no ser fuerte
uno siempre se pregunta cosas
¿Es necesario este poema?
sí, es necesario
tanto
como marcar el teléfono
y oír una voz conocida
imperfecta y dulce
con una solicita al otro lado de la línea
una señal provista de pasado
un recuerdo de voz conocida
una explicación tardía para el convulso final
el hombre primero llora
es lastimero
implora
se vuelve un niño
al otro lado la voz de ella es hierática
filosa
inmisericorde
“supéralo ya”, le pide
Él
camina la ciudad por la que ocurre la injusta persecución
de los amantes felices que lo siguieron hasta aquí
y hace uso de sus buenos modales
para no mandarlos a la mierda
Su segunda parte
(a la que últimamente recurre para sobrevivir a pesar del acoso de la infeliz que lo abandonó y aún así le llama)
le permite:
comer tranquilo
leer el periódico
reírse de si mismo
y no estar tan solo
(despegue)
laurigarciadueñas
10.56 a.m.
que casi nunca suena para mí en la casa familiar
(uno tiene la pata rota, se la pegué con resistol)
ellos
se anclaron a su lugar de polvo al igual que mis juguetes
las fotografías las muñecas los cuadros y la vasija que me regalaste
donde unas mujeres –hace tiempo- escribieron sobre el barro negro la palabra
gua-ta-ji-agua
que también es un lugar
dentro de una canasta de mimbre sobrevivió durante mucho tiempo, engarzado,
un largo collar que compramos en uno de nuestros pocos viajes, lo usaría el día, pero el día nunca llegó para mí
entonces el collar se oxidó len-ta-mente
hasta qué la pátina negra lo volvió un poco menos que horripilante
y ahora engrosa la basura que no se puede reciclar
se fue el collar
pero permanecieron todos los demás
estos pequeños objetos que la casa familiar nos conservó
(el cuadro de flores secas, la pintura del caos en la ciudad)
el fracaso congelado
la imposibilidad de retenerte
es que te fuiste de viaje
y yo también
una serie de equívocos nos arrojó hasta aquí
es que este recuerdo me mata a veces
y a vos no.
y es que no soy capaz de deshacerme de todos los pequeños objetos que quedaron atrás,
que me sorprenden desde los rincones
cuando casi me convenzo que pronto
ya pronto
te olvido
los pequeños objetos han insistido en permanecer
y cada día se llenan más de polvo.

20 de diciembre 11.15 a.m.
des-pa-cio
aquí no hay nada más que decir
solo existe un nombre propio
pero
José insiste
nos habla de incongruencias australianas
no puedo distinguir nada de esto
los burros se ríen
la telefonista tiene seis dedos
en la plaza, piel pálida de incesto
la madre es una niña
ojos grandes
enfermos
-un hombre me induce a lo imposible-
sí, ayer, conocí a Rebeca, quien nos dijo:
“Era yo la que comía tierra”
con evidente orgullo
y sus ojos nunca fijos
cerveza en la guaca
baños en la orilla
los niños corren descalzos
niños hermanos e hijos
Electra y Edipo en un cóctel tropical
cosas de burras
mujeres en carpa
Úrsula mirándonos desde los muros
riéndose
de esta arquitectura demencial.
Domingo 2 de diciembre de 2007. Cerca de la medianoche.
el poema del último domingo
nícol:
me di cuenta que hay árboles secos en los pasillos de Etiopía
la estación del metro es tan propicia para hacernos las importantes
en el punto exacto frente a los andenes, hablamos en voz alta
porque nos gusta reír y llorar –con diez segundos de distancia-, hacer drama, conmovernos
(nos persiguen las canciones
colecciono poemas en hojas de periódicos
y me gusta cada vez más aprender las palabras
aprecio las buenas traducciones porque en el mal de las flores todos estamos contenidos
también Alejandro, que un día de estos te lo menciono)
yo tararee la giganta
vos gritaste el pastito
y la pelusa, qué palabra,
habría que reproducirla en probeta como a los niños
gritamos
mientras todos los demás disimulaban, hasta Carmen
he aprendido a escribir versiones largas y me gustan las historias que parecen películas
esencialidades estratégicas, dice su maestra
claro, también hablamos de él antes que les diera por desaparecer en la habitación
y es que hay asuntos importantes que solo pueden resolverse en privado
a más urgencia se inventa una canción que hable de la sangre negra de los toros
pero eso ya es sobrenatural y no todos podemos escribir canciones de la sangre negra de los toros
las canciones nos persiguen
había un clima extraño, sobras de optimismo
me sentía en casa de la abuela y llegó la abuela a darle un beso a Ximena
yo un día tuve dos abuelas
vos una, que nos hace llorar
a veces extraño a mi abuela
hay que decirle a María que recite erguida y que mande al carajo los simbolismos
de esta ciudad
(lejos, pronto voy a escribir del mar)
qué más
recapitulé en él, al que perseguí con el frenesí de una fanática, hoy, me dijo que le encanto
por suerte, aún no necesito consejería matrimonial, esa que te ofrecen en
pero hoy pre-ci-sa-mente
pensé
mientras estaba sola frente a la gente que patina
en la plaza más grande del mundo donde el hielo se derrite
qué pasaría- si yo de pronto- no fuera este cuerpo sin pelo y no pareciera una foca, suave, que se hincha por comer a destiempo
y abusar del chocolate
¿Podemos atravesar el cuerpo?
no me gustan nuestros panfletos, me pongo ajena, y anuncio,
cuando todas lloran
me siento impropia
en mi año ya caducaron las lágrimas, no es falta de solidaridad, no se crean
aunque el sábado me volví histérica y también me dio por llorar y pedir auxilio
pedir auxilio es necesario
con la diferencia que yo estaba sentada en la acera siendo polvo de mí, lo que no me gusta
a veces no me reconozco, eso pasa, en ocasiones uno no quiere que esas-cosas-pasen
me falta escribir el poema más largo de amor, un día quiero, fervientemente, escribir el poema más largo de amor
todos los demás hasta ahora han sido vanos intentos, un día voy a escribir el poema de amor más largo, para que me quepa todo
a veces me pregunto si
solo estamos indefensas ante los arquetipos intercambiables del hombre, sin embargo,
las personas no son intercambiables
uno ama y uno elige, ama más de lo que elige
mientras tanto, y para mientras (dos de mis conjunciones favoritas)
qué vivan las psicotrópicos, los crucigramas y las carencias que la gente esconde
porque es de mal gusto que los otros se den cuenta que uno a veces tiene problemas de dinero
confieso: yo últimamente siempre tengo problemas de dinero
eso solo era un comercial para el poema más largo del último domingo
claro, el tuyo es insuperable
yo no sé desnudarme tanto, todavía
pero aprendo.
a veces, confieso de nuevo, no me gustan los poemas que no leo
y me repito a mi misma, recito los exiguos éxitos
perorata
al volver a mi casa –hace frío, habitamos entre las cúpulas- hay un silencio
que se torna pesado como yunque al coyote, me gusta decir co-yo-te
temo no recuperarme
no ansío explicar lo que siento últimamente y aunque bromeo
las sienes se me hacen incendio y animales pequeños van recorriéndome,
pulgas de manos
me entumezco
cuando alguien me dice desde la orilla que no es suficiente para mí
no se puede hablar del mar desde la orilla
estoy completamente enamorada, repetí, di excusas, siempre hay excusas para desistir, tambaleos, vértigo
cuando eso sucede
hay que hacer un puente animal, cuando uno se vuelve animal es más sincero
y el cuerpo sabe más rico, no importa la ausencia convenida de las sábanas,
los resortes del colchón hacen ruido
por suerte
me salvé de la fauna
fue demasiado, aprendí a disfrutar de los perros, decía, y nadie me escuchó
es un aprendizaje vital amar a los perros aunque luego uno caduque, abandone, porque el papel de amo no es fácil,
en cambio,
me gusta el concepto de “los siervos dormidos”
son inútiles y a uno le da coraje que sean inútiles
no es clasismo es una metáfora, un antagonismo
ya nos desviamos del tema, a ver, vamos a volver:
discutimos recién sobre lo que significa escribir desde uno
te acusan de egoísta
pero no nos importa
nos auto influenciamos,
qué viva el contagio y el permitir que las trampas acaben enredándonos
con heridas en los pies
estábamos tan sensibles
que nos dio por confesar lo de los hombres mayores
siempre hay una anécdota insuperable, hoy no fue mi turno
mi terapista era mujer
hoy aprendí que no importa si una es del mismo sexo
eso es bien importante de aprender, decía Roque que a uno le llega la edad del ridículo
y si no comprendemos lo evidente, es que uno es tonto
ah los hombres mayores, a los que un día visitamos para que nos quitasen la ropa y jugaran a las muñecas con nosotras, como tenía que ser,
se trataba de desnudarse, tomar cerveza sobre mesas plásticas, no dar pistas, luego irse.
no soy igual en público, me produzco
estoy completamente enamorada, soy cursi, me canso, me reciclo
soy repetitiva y cruel con las personas mayores
redundancias rimbombantes que riman mal
no es para tanto, no tengo nada en contra de las personas mayores
éste, dije, es el poema del último domingo porque poco me importan ya las obligaciones
el martes me voy por la carretera doscientos que llega hasta la playa
me voy por ahora, luego me vuelvo como calcetín y me quedo por tiempo indefinido en
voy a dejar que se acumulen todas las migajas, eso sí
y hay que asegurarnos antes de partir que por la ausencia no se mueran las plantas –hijas de las que no tenemos hijos-
es el costo del aprendizaje forzoso de cuidar la vida ajena
a las plantas con fotosíntesis y monocotiledoneas
hay que hablarles, arreglarles el florero, arrancar sus hojas secas
ser hacendosa, decía mi mamá
y cuando una se va de viaje
rogar al creador que él no se vaya con otra
“quiero juntarme con ese hombre”
muy a menudo sufro de reminiscencias feudales, celos atravesados
hay cosas que no se pueden explicar
los otros no están cuando una se mira
no están
ya se fueron las visitas
y hay hombres que le tienen miedo a su mamá
hay que aceptar
reconocer
repetir ya es costumbre
(mandarse cartas, lidiar con la inspiración primitiva que ocasionan las libretas rayadas, abrirles huecos a las páginas blancas con un taladro pero sin herirse los dedos. herirse los dedos duele)
tuve que escribir el último poema del domingo. el último poema del domingo que no será el último
repetir ya es costumbre
había que hacerlo
si uno no se da vivas es que es un tonto,
por qué tuve que escribir el poema más largo del último domingo,
se preguntarán
la respuesta es fácil
es que al final de los domingos uno siempre está solo.
Puerto Arista, Chiapas, México
7 de diciembre de 2007
Yo era un nudo de aprehensiones
una duda explosiva de malas miradas
callaba más de lo debido
envejecía
me dio insomnio
me busqué la vida entre el ruido de la gente que no conocí
había un pueblo desierto
unas hamacas
lanchas dormidas
historias de ahogos
un faro de cemento gris
los perros ladraban, agresivos
untados de arena y con frío
a veces sufro la imposibilidad de mí misma
mi enconchada fragilidad
te miré, de lejos
creí que era yo la montaña hermética dormida al atardecer
me confundí
(varias veces)
pero eras vos el que estaba en mis ojos
el que dormía poco
el que sudaba
el que miró las estrellas en abundancia
el que no localizó la luna
aburrido,
te tomaste una cerveza cerca de boca del cielo
algo entre las orquídeas
no sé todavía qué
el viento estruja la veleta de colores
hablan de una niña que no conozco
de regalos de color verde
me sorprenden los pétalos violetas de plantas nombradas en latín
ellas, van abriéndose frente a mis ojos, pluscuamperfectas
sin una hoja seca que arrancar
no hay futuro denso o rojo
cierto
lo que tenemos hasta hoy es un río papagayo colmado de in-cer-ti-dum-bres
para mientras la luna es de queso
de tío Coyote
tenemos miedo de los reflectores
toda la luz alunada nos penetra
de noche
mañana,
comeremos dulces sin nombre
y me sentaré en tus piernas sobre una banca de la alameda
a media vereda
y bien
después de recibir volantes de distintas asociaciones de auto ayuda
como no nos importará lo que digan
nos diremos bajito:
“Esta es la ciudad más linda del mundo”
hace días corrían burbujas de lluvia
ayer, luna llena
hoy un escarchado que provoca la plática continua
qué frío hace, qué si los pingüinos y los icebergs
chistes de cajón
y las colchas en la madrugada se multiplican
y cuando hay distancia, duelen los huesos
y hay que frotarse las manos
y bajo las colchas sacar la lengua
para encontrar
otra lengua
y tomar bebidas humeantes
calentar la tina con burbujas
cerrar las ventanas que no cierran
y sacar el viejo abrigo de mamá
lo malo del frío es su cercana prolongación a la pereza
invernar es el verbo preferido de todos en estos días
y la sopa se acaba
bueno, yo no tomo sopa, sueño con tomar sopa pero la tienda está muy lejos
¿Alguien podría invitarme una sopa?
pregunta de cajón
tuve días que nada se me ocurrió
disculpas
lo que pasa es que a menudo y demasiado
recuerdo al muchacho de los dientes de chin chin
le hablo y hasta me lo encuentro en el metro
ah, el frío, les decía,
es realmente insoportable
por eso,
hoy quiero meterme a la cama contigo
deja de rabiar.

XIX
“La vida se instala en formas privadas de tercera dimensión, que desaparecen si se ponen de filo o dejan apenas una rayita rosada inmóvil vertical en el agua”, Julio Cortázar.
Otro idioma
Nada de lo nuestro puede explicarse así nomás
hemos tratado de dotarnos de un lenguaje diferente, privado
sobre todo privado
a otros, amantes arquetípicos, les interesan los peces
pero a nosotros, sombras mundanas,
instalaciones cómodas dentro de la burbuja
nos interesa el jugo de naranja con guayaba que tomamos después de untarnos con aceite una noche de esas en la que tuvimos que escondernos hasta de los des-conocidos
tomábamos café en las librerías
comíamos en el lugar de las mariposas
hablábamos de nosotros con total prepotencia y desparpajo
entregándonos a nuestras particulares-
divagaciones-
metafísicas
nos interesa la posmodernidad ambulante
el centro histórico
decirnos amor en formas sucias e inquietantes
jugar a los niños con parques y comer dulces rellenos de cajeta
tanto y para mientras (dos de mis conjunciones favoritas)
estoy muy cerca del final de este viaje en que nos anudé más de tres veces en reflexiones proclives al llanto
intento hacer de mí una madeja de palabras inmortales y en eso estoy debajo de un puente, hay una paloma gris, asquerosa, que aparece recurrente como todas las de su raza, hay gente que deja basura cerca de las lenguas del río y recuerdo como hace once años hice lo mismo cerca de un atónito ecologista de caminos
hay tantas cosas de mí que quiero decirte
pero no puedo
sí, estoy casi al final de este libro rojo, de la lluvia diletante y enferma, del hastío por lo nuevo, del camino ese que no alcanzo a discernir y de un tembloroso afán por usar la caricia
oscura de anhelos verbales
ávida por conceptualizar la muerte y la miseria
tan dentro de mí que soy gris y horrible como las palomas
tan traslúcida como toda nuestra raza de verbo-diarreicos
cansada
cansada
de oírme hablar de vos para mis adentros
de barajar posibilidades del encuentro
mientras se hace tarde
próxima, turgente
instalada en los códigos privados de ambos
cansada
por eso me detengo
voy a hablarte en gíglico amor,
voy a decirte quédate, llévame al mar, dame de beber una cerveza oscura en el bar de la esquina
voy a decirte, amor,
arrójate al vértigo de tus ansiedades, de una vez y para siempre,
moríte,
de una vez
Y cuando despiertes, voy a decirte que
Quiero:
volver a esas formas privadas, a nuestras películas surrealistas de primos sin sexo, a tu café, a la ducha en que no cabemos juntos, a tu cama –y a la mía-
y que todo el lenguaje del mundo desaparezca,
en el fondo de los peces que otros fundaron
casi es el final de este libro rojo y de los garabatos
(te aviso)
cógeme de los huesos, amor,
hundí tus ojos de cíclope en mis caderas
háblame en otro idioma, amor,
volvé para que nos revolquemos en el pasto hasta matarnos como vacas,
hablemos de nosotros, por fin,
que ya fueron muchos barcos, muchas las aves de paso, muchos libros de orillas con ríos, demasiadas las páginas
las páginas insostenibles
las nubes vistas desde un “arriba” artificial
tantas las canciones repetidas
el dolor de estómago de los poetas
¡Demasiados!
demasiadas las mandrágoras
los malvones
los ananás
las escrófulas
los arcos perpiaños
las nervaduras y, sobre todo,
los intercesores
confieso:
es imposible mantener el ritmo de esta postal de calles antiguas, demasiado soliloquio para ver un puente, demasiada la intolerancia al verbo y a los monumentos, ha llegado entonces como te dije la hora de destruirlo todo, todo, todo el lenguaje del mundo y decirnos al oído
nuevas y sucias palabras de amor