jueves, abril 28, 2016

Para criar

Para criar hay que tener brazos, multiplicar los dos tan limitados, una espalda de junco que se elevará y doblará incesantemente durante todo el día, ojos que nunca más se cerrarán por completo, oídos de animal al acecho, a salto de mata, piernas minerales para sostener y otras de hamaca para mecer, garganta recién nacida para cantar canciones que le inventas y dulcificar el gruñido, el llanto iniciático. Senos sin mengua. La mente y el lenguaje se vuelven entonces personajes secundarios. El ego se hace añicos y eso de darse sin medida es la lámpara de aceite que se prende a las tres, cuatro de la mañana, antes si es necesario. El ego viejo se resiste pero el cuerpo brega hacia adelante porque esa otra vida, indefensa, depende de tu cuerpo, de la columna que debe estar de pie sin mengua. Cuando duermes, con un ese Ojo medio abierto, y sabes que el cachorro también duerme, piensas en la otra tan lejana que fuiste y abrazas al mamífero que eres ahora, el que desde siempre te dormía adentro. Nada es idílico en el mundo lácteo pero, al verlo a los ojos, empiezas a comprender la frase "es lo mejor que te puede pasar". Criar no es para todos, es un rito de paso que implica una renuncia y una metamorfosis brutal. Es la vida, filuda y gozosa. Es el amor encarnado, el cuerpo.

martes, abril 19, 2016

El día en que naciste

El día en que naciste en el cielo no había ningún nubarrón, estaba sustancialmente azul y limpio. Esa tarde, vimos el mar mientras esperábamos por ti.
En la mañana, comí avena, con leche y miel y el clásico bolillo de leña de nuestra colonia, el mejor del planeta, mejor que cualquier pan francés, y nos fuimos con tu papá y con tu tía Eli, quien vino desde El Salvador para tu nacimiento, a la consulta de la doctora Rebeca.
Habíamos pasado varias semanas nerviosos pues te medían con fruición con el temor de que se agotara tu líquido. Ese jueves al mediodía, luego de la consulta, todo parecía indicar que habría cesárea aunque yo ya tenía dos noches con contracciones y tú, 41 semanas y ninguna prisa.
Yo me puse a llorar en El Zorrito, el restaurante al que me llevó tu papá cuando lo visité por primera vez en Acapulco. Hice tres llamadas: a Ángeles, la homeópata, quien me redobló la dosis de chochitos azucarados; a Ana Cristina, quien te mandó reiki durante todos esos días fundamentales, y a Ligia, nuestra doula, que ha sido crucial para nuestra pequeña familia.
Ligia me invitó a la calma, pues se trataba del gran día de tu nacimiento y yo no podía estar “hecha leña”. “Vuelve al inicio”, me pidió y nos fuimos los cuatro a nuestra casa y, a las 3 p.m., me comí un caldito de pollo que yo misma había hecho, me tranquilicé y agarramos el montón de tanates (una hielera con dulces, semillas y chocolates, tu bañera, amuletos, incienso, fotografías familiares, ropa, unas mangueras, cojines, una pelota inflable, mis discos favoritos) que habíamos preparado para tu parto y nos trepamos al coche del tío Edgar.
A las seis, nos confirmaron en el consultorio de que nacerías por cesárea, yo me asusté y tu papá se veía francamente triste porque durante meses nos preparamos para un parto natural y en agua. Pero luego nos envalentonamos y nos fuimos al hospital.
Como dijo mi amiga March; quien vino a verte dos semanas antes con su hermosa hija Felisa, que te trajo 24 paquetes de chocolates para que regaláramos a tus invitados en tu cumpleaños número cero; “será lo mejor”. Y precisamente así fue, naciste el jueves 24 de marzo a las 9:18 p.m. frente a la bahía Santa Lucía, la más hermosa del planeta, luego de que tu padre me cuidase de parte del personal médico que todavía no sabe qué es un parto humanizado. Pero el tuyo lo fue.
Una cesárea humanizada, con música, tu padre pudo estar en todo momento con nosotros y cortó tu cordón umbilical. Y Ligia, cuando tuve frío en la anestesia, me recordó que cada uno tiene su vela interior y yo vi la mía. La tuya es inmensa.
Tu primer grito es el momento más entrañable de mi vida. Las palabras alegría y felicidad no son suficientes para recrear la luz vital de tu grito iniciático. Soy imperfecta, seré una madre imperfecta, pero una madre que te ama desde antes de concebirte y que no dejó de decírtelo en nuestros primeros 40 minutos juntos, en los que te abracé, besé, amamanté, lloré y te dije hasta el cansancio que eres lo más amado.
Tu padre fue y es, como dijo Ligia, la energía arcangélica que veló y vela por nosotros, me cargó y bañó en el hospital, no pegó el ojo cuidándote en tus primeras horas y primeros días. Un hombre; “solamente soy un hombre”, dice él; para quien la familia es lo más significativo entre todo el caudal del mundo.
Durante tu nacimiento, mientras temblaba por la anestesia; y sí tuve miedo por ti, por mi y sí vi el túnel; le conté a Ligia la primera vez que miré a tu padre en un pueblo remoto de Guerrero, Arcelia. Desde que lo vi, me gustó, poco después yo ya lo amaba sin medida, como dicen las canciones populares. Todo se sucedió impetuoso hasta el 15 de julio de 2015 cuando nos hicimos la prueba de embarazo y una torva de luz nos explotó en los ojos y los estómagos.
Desde la primavera anterior, él me pidió una medianoche que durmiera todas las noches de mi vida con él, yo le dije que sí y un año después naciste tú, en primavera.
Desde que te pusieron en mis brazos, la noche de tu nacimiento, no dejé de sonreír, luego entristecí repentinamente en mi puerperio, porque tu llegada telúrica y tus gritos de Tarzán de la selva partieron mis nervios y mi vida antigua en un franco antes y un después. He llorado al no dormir y le he dicho a tu padre que tal vez “no pueda” pero, hijo, tu belleza encarnada, el saber que fuimos capaces de crear otro ser a partir de nuestro amor, nos dará la fuerza prometeica para criarte y acompañarte en tu ruta para ser un buen hombre. Llenarás tu nombre, Agustín, niño de ti, niño de mí, niño nuestro, consagrado por los augurios. Has nacido para tu goce y tu plenitud. Te amamos.

Lauri García Dueñas
Colonia Libertadores, Acapulco de Juárez, México, martes 19 de abril de 2016.

lunes, febrero 29, 2016

Algunas cosas que necesitas saber sobre el parto y nadie te ha dicho nunca

Ahora que se acerca mi parto, me di cuenta, gracias a mis clases con una partera, que muchas cosas que las mujeres necesitamos saber sobre este no nos las han dicho nunca. Estos asuntos nos los deberían compartir desde la primaria, digo yo.
Las razones por las que toda esta información permanece en la sombra son sociales y económicas.
Voy a tratar de ser breve para que todas y todos los que así lo deseen puedan leer y compartir esta información. 
Empecemos. La césarea programada no es recomendable, pero tú puedes elegirla en el pleno uso de tu libre albeldrío, pero piensa que es una cirugía mayor, no menor, con los riesgos que toda cirugía conlleva, te costará más recuperarte, el bebé sale más violentamente al mundo, un mundo por lo demás ya bastante violento. Se ha asociado el incremento de la violencia obstétrica con el incremento de la violencia social.
Solo el 10% ó 15% de los partos deberían terminar en césarea pero algunos médicos e instituciones no quieren esperar y acompañar el largo trabajo de parto de las mujeres, quieren salir de su responsabilidad rápido, cómodos y bien remunerados.
Obviamente, si hay una emergencia tendrán que hacerte una césarea, pero no dejes que tu doctor o doctora te engañe metiéndote miedo sino que realmente-sea-una-emergencia.
Recuerda que muchos doctores programan césareas para poder atender a más “clientes”, lo que prima entonces es su lucro y no tu bienestar.
Hay mujeres que prefieren tener césarea para preservar su “integridad vaginal”, si tú eres una de ellas, estás en tu derecho, pero te sugiero que lo pienses mejor, la experiencia de parir naturalmente, según lo que cuentan varias antecesoras, es algo “único", hedónicamente no me lo quiero perder.
Por otro lado, el parto natural de una primeriza puede durar hasta 18 horas por lo que “no es como en las películas”, tendremos que tener mucha paciencia. Las madres que ya han tenido hijos pueden tener partos menos largos.
Un embarazo que llega hasta las 37- 40 semanas se considera "a término" y hay más probabilidades de parto natural. Si el embarazo se interrumpe antes de las 37 semanas, se considera un parto prematuro y hay más probabilidades de cesárea.
Según mi instructora del parto psicoprofiláctico, el parto natural tiene varias etapas:
-Te das cuentas de que vas a parir porque rompes fuente, sacas el tapón mucoso (flujo y sangre) o porque empiezas a tener tres contracciones de más o menos un minuto cada una en un periodo de diez minutos. 
No entres en pánico, cuando empiecen las primeras contracciones todavía tendrás un tiempo para estar en tu casa y comunicarte con tu doctora u doctor y equipo de doulas, si así lo decidiste. 

Borramiento: El cuello uterino que ha estado cerrado durante nueve meses empieza a ablandarse y ganas dos centímetros de dilatación.
Dilatación: Tu cuello uterino pasa de tener dos centímetros a 7 cm. de dilatación.
Estas dos primeras etapas son las más largas, pueden durar unas 16 horas. Se recomiendan respiraciones semiprofundas, cortitas y rítmicas, inhalar por la nariz, exhalar por la boca.
Transición: Esta etapa es, según lo que he entendido, el Darth Vader del parto, dicen que aquí es cuando gritas y maldices, por suerte, solo dura una hora y pasas de los 7 centímetros a los diez. Todo se está dilatando y moviendo en tu zona genital y pélvica. Se recomienda el soplido cortito y rápido, inhalar y exhalar por la boca.
Expulsión del bebé: En promedio, dura una hora. Se recomienda la respiración profunda más el pujo espontáneo de la mamá (no dirigido por la enfermera o personal médico) y jadeo al coronar, por la garganta, cortito y rítmico.
Alumbramiento. Que palabra tan hermosa.
Expulsión de la placenta: A mí hasta hace poco me informaron que, aparte de parir a tu hija o hijo, pares tu propia placenta :/ No se recomienda que el personal médico la jale, sino que esperen a que ella salga sola.
El bebé al recién nacer: Según varios artículos que he leído, sugieren que no te quiten al bebé de inmediato, a menos que haya una emergencia, tiene que pasar bastante tiempo sobre tu pecho para que puedas abrazarlo, besarlo y darle de mamar. Este primer contacto es crucial.
Hay mujeres que defienden su derecho a no amamantar a sus crías, las respeto, pero en mi caso y, luego de mis clases y lecturas, concluyo que quisiera darle solo leche materna a mi hijo durante los primeros seis meses, sin alternar con fórmula, no sé si lo lograré, ya les contaré luego. Espero que sí.

Plan de parto
Por último, les comparto nuestro plan de parto, hay muchos procedimientos médicos que se han naturalizado en los hospitales y a los padres no-nos-preguntan, así que prepárense para que no los agarren desprevenidos. Decidan ustedes, que no sea el personal médico.
Sé que será difícil que les presten la debida atención si viven en Lationamérica y serán atendidos en un hospital público, pero estos también deberían respetar sus peticiones. El derecho a la salud pública de calidad se nos ha quitado a los ciudadanos debido a intereses económicos y políticos. 
No quiero influir en sus decisiones, solo les comparto lo que yo decidí. Creo que toda mujer debería poder elegir cómo será su parto y cómo desea ser tratada, pero eso no se está respetando en la mayoría de los casos.
Sugiero entregar su propio plan de parto impreso en el hospital y a su ginecóloga o ginecólogo. Además de asegurarte que tu doctor y/o partera respetarán tus decisiones.
--
Marzo 2016

¿Su pareja estará presente en el parto?
En todo momento.

¿Quién más?
Mi hermana.

¿Desea ser inducida al parto o que le rompan la fuente?
No, quisiera que fuera totalmente natural.

¿Desea entrar al hospital por Urgencias?
Preferiría no hacerlo, sino entrar por la puerta del hospital e ir a mi habitación.

¿El doctor de guardia puede hacerle un tacto vaginal?
No, mi ginecóloga ya me habrá revisado en su clínica, o bien, prefiero esperarla a ella.

¿Desea que el personal médico le pida quitarse su ropa y le proporcione una bata?
No, yo llevaré mi ropa y mi bata.

¿Desea que las enfermeras le hagan la tricotomía (rasurado del área genital)?
No, yo habré recortado el área previamente.

¿Desea que se le coloque un enema evacuante previo (medicamento purgante para hacer defecar)?
No, prefiero que no se me coloque porque puede entorpecer el parto natural o en agua que quiero tener.

¿Desea ser canalizada (suero en la vena con oxitocina)?
Solo si mi doctora lo considera necesario por alguna emergencia. Si el parto fluye normal, preferiría no recibir oxitocina extra puesto que alteraría el flujo normal de mi propia oxitocina.

¿Desea estar en una “sala de labor”?
Elijo estar en mi habitación con mi doctora y partera.

¿Desea la anestesia epidural?
No, a menos que mi ginecóloga lo considere estrictamente necesario o que yo, ante el dolor, cambie de opinión.

¿Medicamentos?
No quiero que se me suministren medicamentos a menos que mi doctora así lo solicite por el bien del bebé o el mío.

¿Sala de expulsión?
Si el parto fluye normalmente, estaré en mi cuarto en ese momento.

¿Maniobra de Kristeller? (El doctor se sube a la camilla y empuja violentamente al bebé hacia abajo)
No, por favor.

¿Litotomía? (Ser colocada en una cama con las piernas abiertas, apoyada en unas tobilleras de metal, sobre una camilla y con las piernas hacia arriba, contra la gravedad)
Prefiero conservarme en cuclillas (para que el bebé baje mejor), en el banquito o en la piscina para mi parto en agua.

¿Episiotomía de rutina? (Corte quirúrgico que une la vagina con el ano y que traspasa varias capas de músculo)
Mi doctora no hace episiotomías de rutina, yo no quiero una episiotomía de rutina, de ocurrirme un desgarro prefiero que me cosan el desgarro a que me hagan una episiotomía.

¿Sala de recuperación?
Me recuperaré en mi cuarto.

¿Cesárea de emergencia?
Si mi bebé necesita cesárea, por supuesto que accedo a que me hagan una, pero espero ser tratada por mi médico y el personal mediante una “cesárea humanizada”, sin aire acondicionado a tope y con las luces bajas después de la expulsión.
También me gustaría, aunque haya nacido por cesárea, abrazarlo piel con piel varios minutos.

Sobre el cordón umbilical:
Deseo que deje de latir antes de que sea cortado, así lo recomiendan.

Sobre el bebé después del parto:
Deseo que no se lo lleven rápido para poder abrazarlo y darle de mamar. Ya después el pediatra podrá hacerle los chequeos necesarios.
El hospital comentó que colocarán una cuna en mi habitación y que no lo pondrán en un cunero colectivo.

Sobre la placenta:

No quiero que la tiren, sino que me la entreguen, puesto que mi doula me ayudará a procesarla posteriormente.  

miércoles, febrero 24, 2016

Joven escritor egipcio condenado a dos años de cárcel por "difamar la moral pública"

El novelista y bloguero egipcio Ahmed Nayi ha sido condenado a dos años de prisión por "difamar la moral pública" en Egipto. Esto ocurrió el día sábado 20 de febrero de 2016, cuando lo llevaron directamente a una celda después de que se terminó la sesión en un tribunal del Cairo.

Pronto solicitaremos sus firmas pues escribiremos una carta para enviar a las embajadas egipcias en varios países de habla española para condenar el caso. Egipto, donde se dieron los primeros pasos para la revolución por la libertad tan esperada en los países árabes, está cayendo en uno de los casos más desesperantes en la región y, otra vez, con la excusa del combate contra el terrorismo.


Aquí se explica un poco el caso en una nota para La Jornada Semanal publicada el domingo 21 de febrero de 2016 (pero, lamentablemente, la nota no fue actualizada y no especifica el resultado de la sentencia):


Y aquí una traducción al español del capítulo en cuestión:

jueves, febrero 18, 2016

No voy a defender al ex presidente salvadoreño Mauricio Funes...

No voy a defender al ex presidente salvadoreño Mauricio Funes. Cuando yo era estudiante de Comunicación y Periodismo, hace unos trece años, lo entrevisté y le creí su discurso, crítico y democrático. Obviamente, luego dejé de creerle. Después, anduve reporteando cuando recibió en los primeros días de su mandato al Fondo Monetario Internacional y nos endeudó, a mi juicio, excesivamente, lo comenté pero nadie me paró bola. "Era necesario", dijeron. 
Luego, desde lejos me caían mal sus exabruptos: sus carros de lujo para atravesar el boulevard Monseñor Romero (mártir), su intento de ponerle a la sala presidencial como el poeta Roque Dalton, cuando tenía empleado a uno de los asesinos de Roque en su gobierno y ahora la noticia de lo que se gastaba en trajes. 
Tampoco creo, disculpen, que Funes haya sido el peor presidente de El Salvador, rescato algunos proyectos que hizo en salud y educación y tampoco creo, disculpen, que los presidentes del Frente sean "iguales" a los de ARENA. 
Tampoco estoy de acuerdo con el columnista que dijo que el gobierno de Funes devino en ¿nada? Lo que sí creo es que esa polarización ya dio lo que tenía que dar y que será mi generación y las que nos siguen las que deberán crear nuevas y más justas fuerzas políticas. 
Tampoco estoy de acuerdo con el odio a Funes, en general, no estoy de acuerdo con ningún odio, ni siquiera con el que le dedicaron al ex presidente Francisco Flores. Creo en la conciencia de clases pero no en el odio de clases. Ahora, tengo una pregunta. La mayoría de los colegas que arremeten contra el FMLN y Funes y ARENA y Flores, creo, son, de clase media. 
Y me podrían decir; hay muchos que mucho hacen, me consta, no se ensatanen; qué hacemos como clase media y sociedad civil para detener la violencia, la pobreza y la corrupción en El Salvador. 
Porque cuando pienso en la clase media salvadoreña, la siento prepotente, criticona, poco solidaria, cuidando su estatus, su zonita de confort, sus gustitos, preocupada por sus pensiones (yo también lo estoy), escandalizada porque la violencia llegue adentro de nuestras casas enrrejadas con alambre razor y cuidadas por el vigilante de la colonia. Algunos, los más pudientes, cuidan sus mejores privilegios, sus casas en la playa, sus viajes al extranjero. 
Pero gran parte de la clase media salvadoreña es yuca, despiadada y cruel, clasista, no le paga a las trabajadoras del servicio doméstico lo justo, las visten con uniforme, les dicen "choleras", putean cuando van en el carro, le meten el carro al otro si pueden; muchos, no todos, no se ensatanen; se valen de palancas y amiguismos para escalar, practican el machismo, llaman a algunas mujeres promiscuas "zorras", padecen alcoholismo, diseminan violencia, ruido, odio o violencia intrafamiliar. 
Pero la clase media está enojada, contra lo que hizo Flores, contra lo que hizo Funes. Pero qué hace la clase media, honestamente, a diario, además de putear y quejarse de sus gobernantes, para detener la violencia, la pobreza y la corrupción en El Salvador. Digo. Y los que dan la vida a diario en contra de la violencia, la pobreza y la corrupción en El Salvador no se den por aludidos. Fin de la transmisión.

martes, febrero 02, 2016

Notas sobre los infinitivos parir y criar

De la serie “Lanugo”

Parir
Del lat. parĕre.
1. intr. Dicho de una hembra de cualquier especie vivípera: Expeler en tiempo oportuno el feto que tenía concebido.

Criar
Del lat. creāre
2. tr. Dicho de una madre o de una nodriza: Nutrir y alimentar al niño con la leche de sus pechos o con biberón.
3. tr. Dicho de un animal: Producir, cuidar y alimentar a sus hijos. U.t.c. intr.
5. Instruir, educar y dirigir.
12. tr. p. us. Producir (//engendrar, procrear). U.t.c. prnl.
13. prnl. Dicho de un ser vivo: Desarrollarse, crecer.
--
Tengo 32 semanas de embarazo. Hace 28 semanas que lo sé. La serie de hechos que se han sucedido desde entonces, los canales semánticos por los que ha transitado mi pensamiento son casi intraducibles en lenguaje. Intentaré ordenar mis ideas.
En un principio, quise escribir un blog para madres primerizas que recogiera información útil porque me estaba enfrentando a muchas dudas y miedos espeluznantes que muchas mujeres compartimos.
Luego, la idea se me fue diluyendo porque me atacaba un sueño arrebatador a la menor provocación, me atrasaba en revisar los trabajos de mis estudiantes, hasta una vez tomé una repentina siesta sentada en una heladería ante los ojos incrédulos de Efraín.
Lo primero que me angustió es que la doctora nos recomendara no hacer público, salvo con nuestras familias, el hecho de que estaba embarazada porque en los primeros tres meses había un porcentaje altísimo de posibilidad de pérdida, casi de un 30%. 
Semejante estadística me causó muchísima aprehensión y desde entonces dialogo con la angustia para que no enturbie mi alegría, el deseo encarnado de tener un hijo, lo cual, sin exagerar, es lo que más quería en la galaxia. No siempre fue así, pero esa es otra historia.
Lo segundo que me di cuenta es que al menos la Ciudad de México es uno de los lugares menos amigables para las embarazadas de menos de tres meses que no tienen auto y concluí que, de seguro, también otras ciudades son desatentas hacia las de mi condición.
Porque a una mujer de menos de tres meses de embarazo no se le nota la panza, por lo tanto, nadie te cederá el asiento en el transporte público a menos que se lo pidas y, si lo haces, o solicitas atención especial en las filas, posiblemente no te crean porque “no se te nota todavía” pero estás experimentando los tres primeros meses más cruciales. Eso sin contar que te pueden aventar, “echar el camión”, aplastar, como las personas te avientan y empujan en las grandes ciudades.
Luego, puede pasar cualquier cosa, desde la alegría noble de los que te quieren y conocen y gozan por ti, hasta la 'amiga' que con sorna y saña te avienta un “qué bueno que vas a tener un hijo con quien querías”, poniendo en duda la segunda parte de la oración, hay quienes cuestionarán lo “apropiado” de tu decisión, o bien, ante la noticia, uno de tus estudiantes de escritura te dirá: “Las mujeres solo sirven para parir”.
Y ahí, entre la empatía y la crueldad, aparece la espectacular palabra parto y toda la mitología plausible al respecto.
Un parto en México, si una no busca la suficiente información y no tiene la orientación adecuada, puede terminar en una césarea programada (México tiene más de un 60 por ciento de promedio en césareas, algunos dicen que casi un 90 por ciento, por lo que la Organización Mundial de la Salud ya ha amonestado a sus autoridades de salud, porque no olvidemos que una césarea es una cirugía) y un parto también puede incluir o culminar en violencia obstétrica, es decir, que te metan mano y bisturí inhumanamente en el seguro social o sistema público donde el padre de la criatura no puede ni entrar al alumbramiento. El seguro social mexicano para atender a una embarazada o parturienta te pide estar asegurada o estar casada con el padre, o bien, tener cinco (sí, cinco) años de concubinato comprobado con testigos.
En el otro extremo, está la atención privada y sus costos altísimos y, aparte, nuestra instructora de parto psicoprofiláctico, cuyo curso de 24 sesiones cuesta alrededor de 220 dólares, quien nos ha sugerido no comprar mamilas y alimentar al bebé exclusivamente de leche materna hasta los seis meses, a libre demanda del niño, y considera que, si la madre tiene que dejar de trabajar para lograrlo, debe hacerlo, como si todas las mujeres pudiésemos darnos el lujo de no trabajar dada la crisis económica permanente en la que vive la clase trabajadora.
Ella, por supuesto, es partidaria del parto en agua o en banquito y te cobra otros 200 dólares de honorarios por guiarte el día en que darás a luz. 
Entonces, las madres quedamos a merced de: ciudades y localidades poco amigables para las embarazadas; la vox populli del “deber ser y hacer”, sobre todo la femenina, que se explaya en juzgarte e indicar qué es lo adecuado y lo que no para parir y criar; el seguro social, su falta de cobertura; la violencia obstétrica; la falta de seguro social en la mayoría de los casos dada la actual flexibilidad laboral; los altos costos del sistema privado; las césareas como primera opción; tus propios miedos: los más grandes para mí son esa herida denominada episiotomía y las cuentas; algunas parteras cuyos honorarios son altos por reconectarnos con “el origen”; y, algo capital, tus hormonas brincolinas, las cuales existen y te vuelven bastante 'border'.
A estas alturas del proceso; mi propuesta es, como dice mi madre, untarme de valeverguina frente a la vox populli, el qué dirán, ese corillo griego que, si lo dejas, se aloja hasta en el último rincón de tu inconsciente; relajarme; asirme a mis redes de solidaridad y cariño; ocupar todos mis amuletos llegado el momento (el collar para los ángeles, la pulsera de la virgen del Perpetuo Socorro y San Gerardo, las estampitas para sus rezos, el cuarzo rosa, el bordado peruano que me dio Yaxkin y el disco de Miles Davis que me regaló Diego); y saber que, en este periplo de parir y criar, las decisiones de mi compañero y las mías, orientadas al bien pleno de nuestro cachorro capullo, así como nuestras intuiciones, serán las que nos guiarán y lucharán, contra todas las circunstancias sociales adversas, para que todo nos salga bien.
En este momento, si hay un proyecto y utopía en el cual me sienta inmersa y comprometida hasta las últimas consecuencias, es el de parir y criar a Agustín junto a su padre y compañero amado para que sea un hombre bueno, un hombre nuevo. Y sobre todo, un hombre pleno que goce de su vida desde que cruce su sueño amniótico. Ese es mi deseo más feroz.

Lauri García Dueñas
Colonia Libertadores, Acapulco de Juárez, México, martes 2 de febrero de 2016

Un poema y unas minicrónicas en Punto de Partida UNAM 195

Me da gusto compartir con ustedes una respondencia, la revista Punto de Partida UNAM publica en el número 195, por distintas razones, un poema y unas crónicas mías. Pasen si gustan.

http://www.puntodepartida.unam.mx/images/stories/pdf/pp195.pdf

viernes, enero 29, 2016

El 25 de enero de 2006...

El 25 de enero de 2006, llegué a México por primera vez en mi vida. Esa noche dejé mi maleta en el departamento que compartí con mi gran amiga salvadoreña Laura Aguirre en la colonia Viaducto Piedad, en todo el país no conocía a nadie más.

En dos maletas, cabía mi vida material, había traído ropa y un par de libros. Era el día más frío registrado en la Ciudad de México en mucho tiempo; Laura me prestó un abrigo, un gorro y unos guantes. En el aeropuerto, Jaime Neftali Martínez Hernández, a quien solo conocía virtualmente por un foro de literatura en internet, me regaló una tacita de cerámica talavera que todavía conservo, fue mi primera posesión física en este país.

La cerámica china empezó a venir a México desde Filipinas a partir del siglo XVI para desembarcar en Acapulco abordo de enormes galeones que hicieron ese recorrido durante un par de siglos, luego, dicha cerámica adoptó su versión mexicana y se tornó talavera. La tacita de inspiración china, tornada mexicana mediante su desembarco acapulqueño, tal vez fue una premonición.
Salimos a Coyoacán a tomar una cerveza en el Mesón del Gran Tunar. Fue la primera vez que me subí a un metro. Al día siguiente, tenía que presentarme en la UNAM donde estudié mi maestría durante tres años, de regreso a mi casa me perdí, me perdí muchas veces en la gran ciudad.

Trece días después, celebré mi cumpleaños comiendo sushi con Laura. Todo en mi vida era víspera.
Vine, en un principio, por dos años y medio, becada por la fundación Heinrich Böll y me fui quedando, diciendo "un año más en México". Me quedé por mi propio gusto y albedrío, en un principio por nuestro colectivo Las Poetas del Megáfono y luego por tantas razones propias e intrasferibles, no por las personas que me dicen que no vuelva a El Salvador porque allá no hay oportunidades para los creadores, porque sé que sí las hay.

En todos los países, la gente puede hacer casa, desde Noruega hasta Kenia, no hay lugares de mayor o menor valía para vivir.

Lo que no sabía ese 25 de enero de 2006 es que México me daría al compañero y amor de mi vida, Efraín Ríos Reyes, a quien conocí en Arcelia, Guerrero, en uno de los lugares más remotos y violentos del país; a un bebé amado desde esta su larga espera: Agustín; a una tribu extensa de amigos incondicionales; no sabía que extendería mi familia con mi cuñis Andrea E. García y todos los suyos que tan bien nos tratan; con mis suegros y mi nueva familia política amorosa; que tendría la donación vital de conocer a talleristas y maestros que cimbraron mi ser y mi escritura: Javier Norambuena-Ureta, David Huerta, Saúl Ibargoyen, María Auxiliadora Álvarez, Mara Pastor (mi primera sensei yogui); estudiantes y colegas; nuestro salvajísimo gato Selvo que escogió el gran Nico para mí; yoga y meditación; trabajo y estímulos en lo que más amo: la escritura e investigación de fenómenos sociales; viajes de gozo y trabajo a varios países y 23 estados de la república mexicana; el poder vivir en tres ciudades del país (Mexicali al norte, Ciudad de México al centro y Acapulco al sur); la oportunidad de comer a diario de una de las gastronomías más exquisitas del planeta; la posibilidad de vivir en seis viviendas y conocer roommates de distintas intensidades y lugares; estudios; festivales; coloquios; seminarios; lecturas; libros publicados (tres poemarios, dos libros de investigación, antologías y seis plaquets); publicaciones en revistas y periódicos; conciertos y vagancias. Y el año pasado, mi residencia laboral permanente.

A diez años de mi llegada a México, solo tengo ganas de celebrar y agradecer a todas las personas que me han querido, me han dado trabajo y me han acuerpado.


Y a las personas que también me quieren y me acuerpan desde El Salvador y otras geografías.
Iba a poner de postdata las cosas dolorosas o tristes que también me han pasado en este país, pero no quiero enturbiar este DÉCIMO aniversario, pues son pocas e insignificantes en comparación a la necesidad de agradecer :)

jueves, enero 21, 2016

Te ves chistosa, mamá, te ves como Yoko Ono.

Te ves chistosa, mamá. Te ves como Yoko Ono”
Impermanencias recientes en la Ciudad de México
Viernes 15 de enero de 2016
Ciudad de México

*Estoy segura de que esta es la peor imagen que he visto o veré en la gran ciudad. A la salida de la estación Insurgentes hacia la Zona Rosa, una mujer indigente se ha cagado en su ropa y, con dificultad, otro indigente la ayuda a cambiarse. Pero ella grita como un animal desesperado. “Lo he visto todo”, pienso. La gente camina como si nada, enfundada en sus abrigos elegantes y yo bajo la cabeza aguantándome las ganas de llorar.

*El señor Alejandro se la toma muy en serio, bolea mis botas como si de eso dependiera la imagen que me acompañará toda la vida, se toma mucho tiempo en hacer su trabajo, mezclando menjurjes y coordinando la cinética de su trapo gris de mano en mano, como un mago de la pasta de zapatos, repite, como un mantra, que mis botas quedarán muy bonitas. Me sube y baja de la silla de bolear con brutal delicadeza, aunque no regateo el precio, habla para sus adentros, calcula y, en un acto que le parece lleno de justicia, decide cobrarme solo 20 pesos. Quisiera decirles a todos que vayan a lustrar sus zapatos con el señor Alejandro, él trabaja todos los días en la glorieta de Insurgentes. Su sillón tiene colgados dos zapatos de niños antiguos en la parte superior.

*Compartimos mesa porque no hay suficiente sitio en el lugar. La señora está vestida como lo hacía mi madre en los años ochenta. Espera a otra que también se viste como ella, realmente siento el choque de su estética y su tiempo con el actual. Las señoras me caen bien de entrada pero no me gusta su conversación, ni el cómo la jefa le habla a la que es su empleada. “Esa manía que tenemos todos de hablar de la vida de los otros como si nos concerniera”, pienso.
A su lado, hay una muchacha que me sonríe a cada bocado que da, es flaca pero ya lleva como tres platos y está bien contenta, como yo, con el sabor alucinante de la comida, le sonrío y sé que nos conocemos de algo. Tal vez solo somos amigas de Facebook. Quién sabe. Me da pena no haberla reconocido, pero al irme pelo mis dientes como mazorcas para sonreírle amplio y que no crea que no la quise saludar.

*Estamos efervescentes de orgullo por la graduación de Sara. En el casino español, cenamos en el salón de los reyes, la pintura de Felipe y Sofía parece observarnos. La paleta de color y los decorados son muy distintos a la imágenes de los indigentes en Insurgentes. “Ay la ciudad, ay nosotros”, pienso. Otras personas aseguran que la pintura se trata de la estampa de otros reyes. “No, son Felipe padre y la reina Sofía”, insisto. “Es que mi madre es experta en la vida de los reyes por sus revistas de vanidades”, agrego.

*A las 2 a.m. el taxista decide avanzar una cuadra en contrasentido, fue su idea, no la mía, grito cuando veo unas luces. “Son solo motociclistas, no importa”, se excusa. Llego sana y salva a casa de tía Carmen, con el Jesús en la boca, y recuerdo que los taxistas de esta ciudad son unos degenerados.


Sábado 16 de enero de 2016
Ciudad de México
*Hay una chica de pelo pintado de rubio llorando desconsolada a la par de un wey. El wey no le hace caso. Atrás de ella; ambos se encuentran sentados en la banca de los andenes de la estación Villa de Cortés; hay un anuncio con fotografías de mujeres elegantes del México de los años veinte, como parte de la exposición “Pasado venidero” de Carlos Monsiváis en el museo del Estanquillo. Las mujeres elegantes de las fotos parecen ver a la muchacha rubia que llora desde lejos.

-Te ves chistosa, mamá. Te ves como Yoko Ono- dice el niño de zapatos Crocks y mochila del hombre araña que va agarrado del tubo de la puerta del metro.
La mamá se aparta el pelo ondulado y desordenado de la cara y ve su reflejo en el cristal del vagón. Sonríe.

*Un adolescente quiere hacer que el sonido del piano que causan los escalones de la estación Polanco se oiga a su manera y por eso se mueve con fruición en la parte de abajo de la escalinata. Pero una anciana baja rápido las gradas, así que el piano invisible suena al son de la señora y no del muchacho.

*Un bebé blanco, rubio y chapeado descubre algo o a alguien dentro de mí y no deja de sonreírme y hacerme señas desde su cochecito, mientras encargo jugo, desayuno y café en el Ojo de Agua.

*Un adolescente largo, morenazo, pelo negro, guapo y bien vestido atraviesa la banqueta en su patineta eléctrica cargando dos cafés. “Este es el acabose de la humanidad”, le dice una joven coqueta a su novio al ver al chico de la patineta cruzar la calle. “Ya no quieren ni mover los pies”, se queja. A su lado, pasa un perro boston terrier con un plástico endurecido en forma de megáfono trabado en el cuello y su dueño carga tranquilamente dos baguettes. “Cuándo será el acabose de la humanidad”, pienso.



Domingo 17 de enero de 2016
Ciudad de México
*”No me quiero bañar, no me quiero bañar, hace mucho frío”.
* Dos ciegos cantan en el metro el bolero “Cerca del mar”. El hombre lleva el pantalón café enfundado casi hasta el cuello. También van vestidos como en otro tiempo. La mujer es inquietante, sin duda, sus pupilas están completamente en blanco. “Esa es mi canción con Efraín”, pienso, y trato de memorizar la letra. “Qué coincidencia que dos ciegos canten esa canción aquí”, me digo. Ya quiero volver a Acapulco.
* Un insoportable embaucador que finge hablar con acento español dice de memoria una fábula cursi en nuestro vagón, luego asegura que la escribió Julio Cortázar. “¡Claro que semejante esperpento no lo escribió Julio Cortázar!”, tengo ganas de gritarles a todos, y desenmascarar al impostor abusivo que todavía se atreve a pedirnos monedas. Y eso que ya no me gusta tanto Cortázar, pero no se vale que lo anden calumniando en el metro.
*Una joven argentina divorciada platica con dos señores mayores, una mujer y un hombre, también argentinos. Suena algo amargada. El hombre le dice que por suerte se mantiene ocupada y entretenida, además de felicitarla por llevar internet permanente en su teléfono. Dejo de escucharlos, siento que ella les miente de alguna forma.
* Venden una revista con la historia de David Bowie en el puesto de revistas. Pienso en Ginn.

Lunes 18 de enero de 2016
Ciudad de México
*Al dormir, oigo el sonido imparable de los autos sobre la calzada de Tlalpan. Ese sonido siempre me ha gustado. Sonrío.

Martes 19 de enero de 2016
Ciudad de México
*Vuelvo a escuchar el sonido imparable de los autos sobre Tlalpan, sé que es hora de irme. Prefiero el ruido imparable del mar. No es nada personal en su contra, sé que un día, en varios meses, volveré a la gran ciudad con Agustín en brazos.


martes, enero 12, 2016

Escribir bien. Escribir un periodismo de tentación.

Escribir bien. Escribir un periodismo de tentación.
01/12/12
De mi archivo
Lauri García Dueñas

Pocas veces en la vida, o tal vez solo una, tenemos la oportunidad de escuchar en una misma jornada a Alex Grijelmo, Juan Villoro y Martín Caparrós.
Pero no estuvieron solos. El sábado 1 de diciembre de 2012, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) y el VIII Encuentro Internacional de Periodistas de la Universidad de Guadalajara (UDG) nos dieron la oportunidad, a un centenar de personas, de escuchar la conversación “La crónica periodística, el boceto de la historia”, donde estuvieron Caparrós y Villoro pero también el periodista Juan Pablo Meneses y "Escribir bien, informar mejor. El lenguaje periodístico en la actualidad" donde Grijelmo compartió podio con Darío Jaramillo, poeta colombiano.
El argentino Martín Caparrós y el mexicano Juan Villoro, junto con la argentina Leila Guerriero, conforman la tríada de cronistas latinoamericanos más destacados en la actualidad.
El español Alex Grijelmo, también periodista y escritor, ha publicado Defensa apasionada del idioma español (1998), La seducción de las palabras (2000), La punta de la lengua (2004) y El genio del idioma (2004), además del conocido manual de estilo periodístico El estilo del periodista (1997).
Antecedido de las bromas de Caparrós, que se quejaba de tener que dar una conferencia a las diez de la mañana luego de una noche de cantina y hacía gestos para comprobarle a la concurrencia que la trasmisión del coloquio a la pantalla gigante estaba desfasada unos segundos; Villoro empezó explicando que el cronista es alguien que se acerca en zoom a los hechos, que tiene una curiosidad dispersa sobre lo que va a relatar.
Recordó cuando, hace un año en la FIL, en una conferencia de temas políticos, con una agenda de preguntas ya pactada, la “curiosidad dispersa” de un reportero del periódico español El Mundo hizo que le preguntara al entonces candidato Enrique Peña Nieto cuáles eran los tres libros que lo habían marcado, sin que este pudiese responderle.
Y no desaprovechó la oportunidad para afirmar que con la llegada de Peña Nieto a la presidencia, los mexicanos deberían de atrasar su reloj 71 años.
Villoro recomendó a los periodistas que, además de fijarse en lo que quieren descifrar, estén pendientes de lo que los rodea, sin olvidarse del contrato con la verdad que para él es lo verificable.
Martín Caparrós destacó que “me gusta leer los textos de Juan Villoro aunque me importen tres carajos”. Lo cual implica que un buen cronista será capaz de escribir tan bien que el lector no tendrá más salida que leerle aunque el tema no sea de su interés.
Villoro criticó el periodismo de fuente que convierte en monótona la curiosidad de algunos periodistas que no logran conectar las informaciones con una realidad más amplia. Por ejemplo, el periodista que cubre la nota roja o la nota política durante años pero sin muchas variantes.
El escritor mexicano invitó a hacer un “periodismo de tentación”, como cuando un comerciante le dijo a un cliente que no llevaba fruta ni verdura a domicilio porque “yo no vivo de sus necesidades sino de sus tentaciones”, es decir, si el cliente iba a su tienda por unos tomates, igual los compraba, pero también se llevaba unas toronjas, relató.
Explicó que el periodismo no es el retrato de la realidad sino la construcción de ésta dentro del texto.
Martín habló del proceso de “creación de la realidad” a través de la agenda periodística poniendo el ejemplo de The New York Times quien recientemente publicó un artículo sobre una especie de aguamalas que nunca mueren pues han podido controlar su ciclo vital, volviendo a regenerarse.
Sin embargo, las investigaciones al respecto iniciaron hace 25 años, pero es hasta ahora que fue publicado por el prestigioso periódico que se ha vuelto un tema mundial.
“No existía hasta que alguien lo contó, eso es construir la realidad”, remató.
Por su parte, Villoro criticó el narcisimo de la realidad que nos hace saber, sin tener necesidad, sobre los implantes de cierta modelo. La tiranía de la sobre-información.
Y también, arremetió contra el periodismo de inmersión que sucede cuando un periodista se introduce, suplanta, la vida cotidiana de sus personajes, fracasando, a su juicio, porque luego se la pasa contando cómo hizo el reportaje y no sus hallazgos.
Para él, esto no es necesario, porque el periodista puede ser “un testigo al borde de los sucesos”, basarse en la empatía, sin necesidad de suplantar la identidad de otras personas.
Sugirió confiar en la necesidad de contar que tienen los entrevistados, en el principio de la confesión donde “ser el otro facilita la intimidad”.
Caparrós reiteró esta propuesta al contar que hizo unas crónicas al estilo de “rubia tarada” cuando se iba a la provincia argentina, y aprovechando que su imagen de largos bigotes rizados es ya conocida, simplemente se sentaba en la plaza y la gente llegaba a contarle sus historias por ser un periodista “nacional”.
“El mundo está lleno de personas que quieren que las escuchen”, afirmó.
La crónica latinoamericana, a su juicio, debe relatar la vida cotidiana y contar el poder de otra forma que no sea solamente desde la miseria. Criticó “la hiper- muestra y la hiper-exhibición” de la violencia.
Sobre la curiosidad distinta, Villoro contó la historia de cuando un periodista le preguntó a un dictador sobre qué pensaba de Drácula y eso le sirvió para hacer el perfil del genocida.
El periodista afirmó que “la curiosidad distinta” intentará no centrarse en quién perpetra la violencia sino qué se pierde con la violencia, para restituir la historia de las víctimas.
Puso el ejemplo de un texto sobre los niños que juegan a ser sicarios y de qué manera el tema se acercaba a los lectores porque muchos niños han aprendido a jugar con armas de plástico.
Llegó el momento de hablar de twitter y Martín se quejó de que no puede haber un relato con estructura en dicha plataforma, pero comentó que él lo usa como una herramienta de intervención política para pegar un “pequeño gritito” contra ciertos aspectos con los que no está de acuerdo.
“Para lanzar pequeñas puyas intermitentes”, completó.
“Pero twitter no conserva”, dice, aunque le divierte escribir oraciones de 140 caracteres exactos, como cuando hace muchos años se tenía que contar con puntos en papel los titulares de los periódicos para que la frase calzara.
Al llegar el momento de las preguntas, Martín Caparrós dejó un “la crónica no reclama objetividad, porque asume que no lo es” y recalcó que toda elección, aunque sea para una nota, donde se eligen 20 líneas, ya implica subjetividad.
La subjetividad no implica deshonestidad y la objetividad no es sinónimo de honestidad, sostuvo.
Para Villoro, una crónica periodística entre mejor está escrita es más literaria y tenderá a permanecer vigente a pesar del paso del tiempo y puso como ejemplo “Relato de un náufrago” de Gabriel García Márquez e invitó a escribir desde la perplejidad y el asombro.
La crónica es como el peronismo, dijo Meneses, todos hablan de él pero nadie sabe qué es.
Meneses también bromeó con el hecho de que se sentía como el cuidador de la Mona Lisa, invisible, a la par de dos grandes cronistas.
Para Villoro, las noticias dan sentido, organizan los sucesos del mundo, un mundo que si fuese ideal no necesitaría noticias, cree.
Para Martín, los periodistas deben denunciar por los ciudadanos que no encuentran representación legítima.
Por último, el periodista mexicano comentó que muchas novelas se basan en noticias, pero lo que no considera conveniente es usufructuar la noticia como algunas novelas sobre el narcotráfico.
En su opinión, no se debe dar “gato por liebre” y hacer un uso efectista de las noticias para convertirlas en novelas.

Y llegó el turno de Grijelmo
Pero antes del poeta colombiano Darío Jaramillo que abrió el foro "Escribir bien, informar mejor. El lenguaje periodístico en la actualidad".
Jaramillo fue directo al decir que escribir bien es escribir claro. Hizo una breve referencia a la oscuridad y el retorcimiento en el barroco, así como al oscuro borrador opuesto al verso claro que proponía Lope de Vega.
Luego parafraseó a Jean Cocteau para indicar que el texto debe ser tan claro “que no se note el trabajo que nos costó”.
Grijelmo arrancó diciendo que todo lo escrito es propenso a convertirse en literatura y lo que debe buscarse, en primera instancia, es generar placer en el lector.
Según su experiencia, los reporteros que tienen un descuido en la forma de escribir, empezando por su ortografía y sintaxis, también son descuidados en el rigor, los datos y el contraste de fuentes.
“Las palabras son los trajes del pensamiento”, recordó.
“Creemos menos en los que tienen errores de ortografía”, “baja autoridad escribir con faltas de ortografía”, apuntó.
También reflexionó sobre la carga peyorativa que actualmente tiene la retórica cuando es el arte de convencer con las palabras, la manera en que se cuenta.
Recordó que los manuales de estilo periodísticos son herederos de los manuales de retórica.
Jaramillo comentó sobre el abuso del hipérbaton y el vicioso uso de las siglas. Esto último haría que muchas noticias no puedan ser comprendidas por los lectores que no saben el significado de estas.
Grijelmo, ya entrado en materia, sugirió que el léxico de los periodistas debe utilizar el lenguaje común, pero no vulgar, además de tener en cuenta el contexto y el ambiente en el que está inmerso.
Asegura que la proliferación de los anglicismos radica en un complejo de inferioridad de los hablantes del español que han llegado a creer que introducir vocablos en inglés en las oraciones es más prestigioso. Aseguró que algunas empresas utilizan vocablos en inglés para sus servicios más caros. Por ejemplo, business class contra clase turista. El servicio más caro está en inglés y el más barato en español.
También señaló lo inútil de “estirar las palabras”, lo que sucede porque no se confía en su fuerza. Por ejemplo, cuando se dice “innecesariedad” en vez de “innecesario” y “peligrosidad” en vez de “peligro”.
O bien cuando se hace una asociación imposible de palabras como “larga salva de aplausos” o “completamente abarrotada”, cuando el “abarrotada” ya tiene implícito el “completamente”.
Jaramillo recordó a Huidobro: “El adjetivo cuando no da vida mata”.
En cambio, Grijelmo resaltó que hay asociaciones literarias que son brillantes como algunas del poeta colombiano.
“Cuando se ponen palabras juntas que no han estado nunca una al lado de la otra es belleza”, apuntó.
“Las palabras tienen mucha fuerza, las palabras mandan sobre nosotros”, afirmó, poniendo como ejemplo que si alguien dice que otro está “involucrado en una venta de armas”, directamente pensamos que es un criminal, cuando bien puede estar involucrado en una venta legal de armas en una tienda autorizada.
El caso es que, por su uso, la palabra “involucrado” es condenatoria. Y el uso no siempre está implícito en el diccionario.
También llegó el momento de hablar del Internet y ahí el experto de la lengua española sostuvo que “las redes sociales son la calle” y que “el Internet es un basural lleno de joyas” por lo que hay que tener un sentido de distinción de lo que es basura y joyas. “Internet es la vida, Internet es todo, como todo está en la realidad”, dijo.
El oficio del periodista sería tratar de interpretar la música en un mundo de mucho ruido.
Llegó el momento de pasar el micrófono al público y un estudiante le preguntó qué pensaba de los adolescentes que cambian la “k” por la “q” y Grijelmo respondió que mientras eso fuera solo el registro de un tipo de lenguaje no es grave, aunque no desea que llegue el momento en que las palabras sean “esqueletos ambulantes en vez de carne”.
Grijelmo aseguró que en nuestra lengua “todo lo que sucede es por lógica”.
El periodista español recordó que el lector de periódicos compite con los panecillos del desayuno y que si el contenido no está bien escrito se decantará por el panecillo.
Siguieron lloviendo frases como sentencias: “Hay que reducir los mensajes a esencia”, “el periodismo hace circular la realidad”, “la verdad es inabarcable”, “para un periodista la verdad es inalcanzable”.
Pero aún así, para Grijelmo, el periodista debe guardar la veracidad, honradez, ecuanimidad y neutralidad.
Por su lado, Jaramillo aportó que el gerundio paraliza el lenguaje y que el abuso de éste viene de las malas traducciones del inglés.
Grijelmo continúo con un inolvidable “el genio de la lengua somos todos los hablantes y los que lo usaron antes, un ser muy curioso que nos atenaza”.
Ante la pregunta de una maestra entre el público que se quejaba de que sus alumnos no querían escribir bien porque de todas maneras “sale mal” en la televisión, Grijelmo contestó que no es deseable que los jóvenes no quieran cambiar la sociedad, mejorar los medios de comunicación y el mundo.

lunes, diciembre 28, 2015

Trece sueños para Agustín

Estos han sido los sueños que durante seis meses he tenido o nos han surgido, esperándote, Agustín:

  1. Un día antes de hacernos el examen de embarazo, soñé a Agustín envuelto en una manta blanca, bien apretado, como taquito, tenía los ojos cerrados, las pestañas largas y rectas, los cachetes frondosos, pelo negro y lacio, la expresión relajada, él estaba durmiendo la siesta entre su padre, Efraín, a su derecha, y su madre (yo), a su izquierda. Ambos padres estábamos en ropa interior por el calor del Puerto de Acapulco. La luz crepitaba, era amarilla y cálida.
  2. En el segundo sueño, mi hijo y yo estábamos solos en su habitación, yo le cambiaba el pañal de tela y le ponía talco, él tenía unos nueve meses y era muy cabezón, se parecía a mi hermano Edgardo a su edad, andaba descalzo y sin camisa, yo le enseñaba a jugar con unos legos grandes de color rojo y amarillo.
  3. En el tercer sueño, Agustín, de unos siete años, estaba de pie frente a nuestra casa, de espaldas al parque donde hay muchos árboles tropicales, llevaba bermudas cafés, como las de su padre, iba descalzo y sin camisa, aparecía al centro de la imagen, quemado por el sol, acanelado, su cara hermosa, ojos de almendra, entre negros y cafés, rasgos angulosos pero suaves, tenía la sensación de que él acababa de trepar y bajarse de un árbol o tirar piedras con una honda.
  4. Frente a mí, vi una entropía de cuerpos, un mar de gentes, pero, en medio de la multitud que fluía, yo podía reconocer a mi hijo.
  5. Robin y yo volábamos en un Tiranosaurio Rex, yo sé que esos dinosaurios no vuelan pero en mi sueño sí se podía, atravesábamos paisajes verdes y lagos largos, al aterrizar, le invitaba a Robin unos tacos de plátano maduro.
  6. Manu, Yaxkin, Emmanuel, Gerardo y yo estábamos leyendo poemas en voz alta alrededor de un tronco donde se enrollaban listones, estábamos conectados por hilos de tela. Vi a Gerardo, con su chamarra café de cuero y, a pesar de estar tan joven, tenía un largo mechón de canas blancas espejeantes que era lo que más sobresalía de la imagen.
  7. Ermis y Raúl, dos amigos salvadoreños, me daban consejos sobre intimidades del embarazo. Creo que estaban borrachos.
  8. Soñé que mi amigo Javier Espinoza venía desde Londres a Acapulco al saber que estaba embarazada, me abrazaba y, de pronto, el paisaje alrededor se convertía en Los Cóbanos, El Salvador.
  9. Me encontraba por casualidad a John Z. en la fila del OXXO, tienda mexicana de 24 horas, él llevaba su bolsa blanca con verde para el pan y su clásica chaqueta de mezclilla pero, dentro de su bolsa, cargaba dos baterías de auto con las que yo concluía que se iría a Caborca, Sonora, México.
  10. Ana Cristina soñó que yo estaba en el hospital con su abuelo, los dos compartíamos la misma habitación, pero nuestro estado no era grave, yo lucía plácida.
  11. Didine soñó que ella iba escalando un árbol inmenso, tenía miedo de seguir subiendo pero me veía a mí que iba de bajada, confiada, platicando con gente y riéndome, el verme bajar con soltura de primate la inspiró a seguir subiendo.
  12. Soñé que Mario Lungo, que en paz descanse, llevaba a su esposa América a las playas de Mexicali. Él, a mis quince años, me dijo que no me dedicara a otra cosa que no fuera escribir.
  13. Soñé con mi abuela Tita, en medio de una historia larga de argumento complejo que ya no recuerdo. Llevaba puesto su vestido negro de flores anaranjadas y fucsias con el que, de niña, la atisbaba llegar cuando, agarrándose de la pared, se deslizaba para sentarse con nosotros en la sala a ver la televisión.

martes, diciembre 15, 2015

Premio Único Nacional en los XXIV Juegos Florales de San Vicente, El Salvador, en la rama de Poesía

La niña que quería ser poeta desde los ocho años y empezó a escribir a los trece dedica hoy su premio único nacional en los XXIV Juegos Florales de San Vicente, El Salvador, en la rama de Poesía a otro niño: Agustín Ríos García. Llevado en mi vientre por casi seis meses, a mi compañero y amor, a mis padres y familia que nunca cuestionaron, al contrario, alientan, que dedique mi vida a la escritura. A mi querida y admirada Argelia Quintana y su hija Amada Libertad, poeta salvadoreña muerta en combate en 1991, quien también ganó juegos florales, como muchos de mis más leídos escritores salvadoreños. Escribí "Espíritu" en 2014, lo revisé en 2015 y su última estrofa dice así:
"Voy hacia el hueso de mi escritura
creo en la sombra
pero también
en la luminiscencia de las cosas
en el agua
y en el jardín".
Dice el lugar común, que por algo es común, que los bebés vienen con los panes bajo el brazo y, por supuesto, consagrados por los buenos augurios.
http://www.cultura.gob.sv/jovenes-se-apoderan-de-los-juegos-florales/

viernes, diciembre 11, 2015

Lanugo 1


Lanugo 1[1]

Estar embarazada ha sido más complejo, polisémico y multiforme de lo que pude haber intuido. Antes, pensaba que a las embarazadas les crecía la panza “y ya”. Pero estarlo me ha hecho encarnar en uno de los estados límbicos del ser más heterogéneos que pueda describir.

He recibido mucha empatía de las personas y también todo lo contrario. Por ejemplo, una señora inmensamente gorda que esperaba en mi misma fila no me creyó cuando pedí que por favor me dieran paso preferencial para un trámite burocrático, no deseaba hacer la larga fila, pues los pies se me hinchan como globos de carne suaves. Me miró y me dijo:

-          ¿De verdad está embarazada?- mirando mi pequeña panza.

-          Señora, le respondí, no mentiría en algo como eso.

Los señores a quienes les pedí en el Distrito Federal que me cedieran el asiento de embarazadas tampoco se mostraron tan gozosos, de seguro, porque toqué el hombro de algunos cuando se hacían los dormidos. Y es que hay algo importante: el embarazo realmente “no se nota” hasta que las mujeres están en el tercer trimestre pero el primer trimestre es el más delicado. Y la sociedad no está educada para ser amable y delicada con las embarazadas de uno, dos y tres meses. Por lo que mi amiga Ginn, una vez en el metro Guerrero, me tomó de la mano, me abrió paso a la fuerza y gritó el “¡Está embarazada!” como una auténtica guerrera mexica.

Una vez casi lloro cuando, en el Metrobús, una señora me aventó, me echó el camión, me dio un toque con su cadera, pero yo me mantuve firme, agarrada de dos travesaños. Opté por esperar en los andenes a que los transportes públicos fueran más vacíos, pero todos sabemos que el espacio libre no es una cualidad del transporte público de nuestros países.

No quiero repetir lo que sentí cuando el degenerado corredor de la colonia Libertadores de Acapulco me tocó las nalgas a pleno día. Espero que la maldición que le eché seque su mano.  Sí quiero recordar el apoyo que dos jóvenes desconocidos me dieron en ese momento. Y el de mi compañero y amigos.

La bitácora

Quise empezar esta bitácora antes, pero me inundó cierto pudor lingüístico. Ahora siento que estoy fuerte como una jacaranda o maquilishuat, efervescente y confiada en el porvenir, por eso empecé con estas notas. Además, la estancia en El Salvador me ha llenado de buenos augurios, dormir justo en medio del patio donde crecí, rodeada por los pájaros que ladran y platican.

Lo que quería contar hoy, antes de que se me olvide, es que desayuné con mi madre y la señora Susana, trabajadora doméstica de 38 años, hija de una partera, quien ha tenido cinco hijos “en su casa”, aunque le había prometido a su doctora que tendría su último hijo en el hospital pero decidió que no, que mejor lo tendría con su mamá partera para que no le hicieran la episiotomía (esa palabra fea que representa una herida entre la vagina y el ano y que, según Susana, algunos doctores salvadoreños practican para que las mujeres “guarden la dieta” y no tengan relaciones sexuales, o “al menos les duela”, durante el postparto y no vuelvan a salir embarazadas tan pronto. Una salvajada pues)

Por su parte, mi madre empieza cualquier plática con respecto a sus partos diciendo “no me acuerdo” y, poco a poco, va soltando la sopa. Recuerda que mi hermano Gilberto nació un domingo, que su primer parto fue el más largo, que su quinto parto iba a ser cesárea pero le pidió al doctor “ayúdeme”,  aclaró que no tenía para pagar la cesárea y el galeno “la ayudó” para darle vuelta a la niña que venía de espaldas, porque tenía espalda ancha, hasta la fecha.

En su tercer parto, en el que vine a La Tierra, mi padre intentó acompañarla y él le pedía que no se quejara porque “el parir no debe ser un dolor”, según la teoría claro, a mi madre eso la desesperó y le dijo a mi progenitor “mejor andáte”. Mi padre cuenta lo mismo de una manera más idílica y oculta información deliberadamente.

Susana lo primero que recuerda es a su segunda hija que nació a los ocho meses de embarazo pero murió al siguiente día. Luego, cuenta la anécdota de una familiar a quien una tía no le quiso dar sandía y, por eso, perdió un bebé varón a los tres meses y medio de embarazo. “Porque los varones son muy antojadizos”. Se enorgullece de haber trabajado hasta el último día antes de cada uno de sus partos, en alguna ocasión, sacando agua de un pozo de unos 18 metros de profundidad. También explica que “por necesidad”, al tercer día de parir, regresaba a las labores domésticas, hasta el punto de moler maíz en la piedra de moler.

En su tercer parto, Susana tuvo dolores todo el día, cuando llegó su marido, ella le avisó y él respondió: “Mejor te llevo donde tu mamá, porque yo de esto no sé”.

La mamá partera de Susana ya “entregó” su puesto porque es mayor. Las mujeres de su comunidad ahora acuden al hospital, ya casi nadie atiende en las casas porque, si se muere el bebé, las parteras pueden ser procesadas penalmente.

El embarazo y el parto se me hacen todavía un silogismo con el tercer sentido aún oculto. Un mito que late justo al centro de la cultura popular. Una pepita a la que habrá que abrir para conocer su interior.  Se me viene a la mente la cara de Efraín; mi compañero de vida, mi amor; en la primera clase con la partera donde, al principio, ni siquiera quería sentarse, y luego, él más tranquilo, aprendimos juntos de las seis fases del parto y supimos más sobre las 18 horas, esperemos que no más, que puede durar.

Una mujer embarazada es una especie de tótem, una oreja social a la que la gente cuenta sus experiencias, miedos y, a veces tristezas, con respecto a la vida, otros embarazos y otros hijos. La gente nos hace preguntas complejas sobre nuestro estado y el ser. Una también representa la empatía de los seres humanos, porque cómo, no es posible, hay ciertas cosas crueles que la gente, por suerte, se abstiene de decir o hacer frente a una mujer embarazada.

Los fumadores se alejan, la gente te dice “princesa”, te soban la panza, te mandan videos random (como el que me mandó Genkidama Ñu) o tutoriales para hacer que los bebés dejen de llorar. Te envían libros digitales y mucha información que no se puede procesar porque una sufre de largos letargos y siestas. En los primeros meses, no pude leer una cuartilla entera sin cabecear. Un día me dormí cuarenta minutos sentada en una heladería, ante la mirada estupefacta de Efraín, quien esperó con paciencia.

Me imagino que así como, en las culturas antiguas, el consejo de ancianos fungía funciones especiales, la de la embarazada debe haber sido la de un oráculo o maga. Las embarazadas soñamos historias hermosas y delirantes, en tecnicolor, tenemos una meta-sensibilidad premonitoria, una meta-lucidez, eso sí, sufrimos de repentinos ascos y sobresaltos, miedos, gozos, emociones que cambian de un segundo a otro. Reímos a carcajadas, nos enojamos y, al ratito, estamos llorando. Algunas odiarán que toquen su panza, a otras, como a mí, nos encanta. Es difícil tocarse los pies y, al mismo tiempo, se lleva sobre los hombros toda la historia de la evolución humana, del universo, la flora, la fauna, la vida microscópica.

En estos meses, he recibido de la vida grandes regalos: un hogar con Efraín y Selvo, buenos deseos, reiki, miradas de ternura aun de desconocidos. He enfrentado la intemperie, el vértigo, el miedo, la angustia, la soledad de no poder comunicar precisamente lo que una siente.

Pero deseo seguir aquí, sana, para continuar relatando esta historia y seguir de pie, como las ceibas, hasta que mi hijo Agustín tenga unos sesenta años y yo, noventa y cinco. Porque estar embarazada significa también no creer en la muerte, ni en la violencia, sino en la vida, y en la vida en abundancia. 
Lauri García Dueñas.
San Salvador, El Salvador, 11 de diciembre de 2015.

 

 







[1] Lanugo es el vello que recubre a los bebés dentro del vientre.