viernes, diciembre 19, 2014

domingo, diciembre 14, 2014

XXII

Espíritu
hoy encendí el último fósforo
de la última caja que dejó sobre la cocina
la pintura ilustrativa era marrón con mostaza
y dos nombres importantes la coronaban
pero ya no recuerdo esos nombres.

La caja yace ahora dentro de los restos del día.

El último fósforo encendió el café
apreté dientes
aparecieron en el salón, la nada y el vacío
pero no dijeron algo que yo pudiera entender.

La medianoche es el quicio donde
llega la duda con cuchillos afilados
que yo misma preparé.

Los muebles me saludan desde otra dimensión
que permite dejar irreconocible
la forma inicial del cuerpo.

La felicidad es solo bruma especulativa.

Espíritu, si me preguntan cómo estoy
debería responder con una imagen de la devastación
pero el melodrama usa estola y lápiz labial
por lo que sería impreciso redundar.

La desolación no es grácil
estamos de rodillas
frente al pasado
y el cuello que se rompe
es el de este animal
cuando su dolor toca el hueso.

El incienso planea aterrizajes en espirales
la ceniza despellejará las palabras dóciles.

La página está fría
hay letargo en la denotación
a estas horas, los oídos zumban
el vapor de la conciencia se condensa
la sombra camina descalza en el cuarto
la veo con el rabillo del ojo
es espesa y ha estado arrinconándome
todo el día.

Entonces la miro
de pie
en su sustancia reflejante
ella desea una canción de cuna
imposible, lo siento,
solo hay pastis diluido en agua tibia.

Los camiones de carga pesada
apedrean el silencio de la madrugada
con vibraciones de ángeles y sudarios.

El futuro es un fogón mental
una ensoñación articulada de posible lenguaje.

La sombra se desviste frente a mí y el tiempo.

Cuando la sábana haga capullo
y las lágrimas rueden
-porque los dientes dejen de estar apretados-
escucharé con más atención
lo que tengan que decirme
la nada y el vacío.

domingo, diciembre 07, 2014

Alentar esa lámpara

1.
Nací en 1980, el año en que inició la guerra en El Salvador y que dejó 75,000 muertos; 12,000 lisiados y 8000 desaparecidos. El año en que un comando de ultra derecha asesinó al arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, “la voz de los sin voz”. El 11 de noviembre de 1989, cuando se llevó a cabo“la ofensiva final”, yo tenía nueve años y, entre los libros, prendí una vela roja para que no mataran a dos de mis seres más queridos. No creo que la lucha armada sea la solución a los conflictos, estoy más del lado de la desobediencia civil o la resistencia pacífica. Sin embargo, en El Salvador, creo que no hubo otra alternativa porque se había perdido el derecho a disentir.
2.
Mi abuelo Juan Gilberto, quien nunca usó zapatos, fue uno de los fundadores del Partido Comunista salvadoreño. En 1932, el general Maximiliano Hernández Martínez mandó a matar a 40,000 indígenas que se habían inscrito en el partido, los llegaron a sacar uno a uno a sus casas. Mi abuelo aguantó tres meses escondido en un tapanco subterráneo en la milpa, mi abuela le llevaba de comer en una cesta que bajaba con una cuerda. La lucha social es posible gracias al apoyo, en primera instancia, de los más cercanos.
3.
Desde 2010, coordino talleres de escritura. En estos últimos meses, los estudiantes que asisten a mis talleres han escrito sobre el asesinato de seis jóvenes y la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, Iguala, México, y la aseveración constante es que están aterrorizados.
Una de las chicas llegó a sostener que ahora le da miedo hasta ir a la tienda.
Al Estado y al gobierno les conviene ese pavor que inmoviliza. No contribuyamos a que se contagie.
El miedo de la ilegalidad tiene que ser enfrentado con la convicción de la ilegalidad del miedo. Ahí está la esperanza”, propone Boaventura de Sousa Santos.
4.
El papel de la clase media es fundamental en períodos de represión y cese de garantías. Pero la clase media no debe solamente preocuparse por mantener sus privilegios y su zona de confort. Se trata de una verdadera empatía y solidaridad con las clases más desfavorecidas, para no caer en el cinismo y la impostación en el discurso. Se trata de movilizarse para defender el derecho de continuar vivos, de disentir, pero no solo eso, también defender el derecho que las demás personas tienen de vivir con dignidad, con las necesidades básicas cubiertas.
5.
Critico abiertamente a la gente que piensa que “no va a pasar nada” luego de las manifestaciones masivas. Coincido con el escritor Javier Raya. Marchar o participar en una protesta pública transforma al que participa en ella, al ponerse en contacto con el Otro. No dejemos que los detractores atomicen el movimiento.
6.
La represión gubernamental ha llegado a límites hilarantes: intentar prohibir las movilizaciones mediante leyes o acusar a los que se llaman “compas” de terroristas. Pero esta hilaridad no es tal, hay que estar atentos a todos los tentáculos y los mecanismos cohercitivos, aunque parezcan hilarantes.
7.
Repito: defender el derecho a estar vivos y tener una vida plena.
8.
Si escuchamos que alguien dice: “pinches revoltosos” o “las marchas no sirven para nada” no volteemos a ver a otro lado o prefiramos no gastar nuestra energía frente a semejantes comentarios. Hablemos de lo que está pasando y no permitamos juicios superficiales sobre la coyuntura actual.
Sí, la lengua no se perdió a pesar de todo. Pero tuvo que pasar entonces a través de la propia falta de respuesta, a través de un terrible enmudecimiento, pasar a través de las múltiples tinieblas del discurso mortífero. Pasó a través y no tuvo palabras para lo que sucedió; pero pasó a través de lo sucedido. Pasó a través y pudo volver a la luz del día, 'enriquecida' por todo ello”, afirma Paul Celan.
9.
Por eso, para terminar esta breve intervención propongo los versos del escritor mexicano Guillermo Fernández, asesinado en su casa en 2012 y cuyo crimen aún no ha sido esclarecido:

Domestica a tus fieras
ciérrales la jaula de la noche para que no huellen tu sueño
Que la jauría de sus miedos se adormezca bajo
las piedras y el alma salga al jardín a respirar otros aires
Deberías alentar esa lámpara que el tiempo preserva
solamente para ti
esperar calmo esa ola que se está formando en la altamar
y espera que a su encuentro la acaricies”.

La ola que se está formando somos nosotros. Alentemos juntos la lámpara, la vida y la alegría. Volteemos a vernos entre nosotros, no seamos cómplices de la injusticia cotidiana.

Viernes 28 de noviembre de 2014
Para la lectura “Sembrar versos en temporada de sequía”
Huerto Roma Verde
Ciudad de México


jueves, noviembre 06, 2014

Derecho de respuesta. Sobre la "columna" de Antonio Cienfuegos.


Hace un mes estuve en Santiago de Chile, participando en el festival de poesía “Poquita fe” invitada por sus organizadores al igual que, el también salvadoreño, Antonio Cienfuegos, quien leyó un texto sobre Clint Eastwood donde aseguraba que había selva en El Salvador y, a mi juicio, se recostaba en el cliché que se tiene de nuestro país en el extranjero.

Me acerqué a él y le dije “no hay selva en El Salvador”, sin saber que dicho comentario provocaría que días después escribiera una “columna” en la que me difamaría e insultaría a mí y a varios escritores salvadoreños más. Luego, por Facebook me preguntó si su columna me había dolido y dijo que la escritora Elena Salamanca y yo “ya la debíamos”.  Yo le respondí que su poema me había parecido muy malo y le cuestioné que si, al no tener buena crítica, había decidido desquitarse, insultándome, también le pregunté si su vida era triste y me respondió que no, que solamente estaba desocupado.

Me pidió que le respondiera, a lo que aduje “hueva” (pereza) Me pareció que este hombre deseaba notoriedad, llamar la atención, etc. Pensé que la mejor manera de responder a un insulto sin fundamento es ignorarlo. Además, estaba muy ocupada, indignada por la desaparición de 43 jóvenes en México, coordinando cinco cursos y me pareció que no debía gastar mi energía en darle una respuesta a una persona con evidentes problemas de autoestima.

Pasaron los días y cambié de opinión, sobre todo, porque en la lista de insultos a escritores salvadoreños están incluidas varias personas cuyo trabajo respeto.

El diálogo, como Cienfuegos propone, no nace de insultar al otro. El diálogo, entre personas que dan la vida en la escritura, surge del intercambio de argumentos.


Para empezar, el tono y la falta de pruebas permiten deducir que no se trata de un diagnóstico de poesía.

“El sueño ególatra”, diría Freud, hace que el articulista incurra en su primera falacia de generalización: “fue hasta muchos años después que recorrí a pie  toda Centroamérica, especialmente El Salvador”. No creo que Cienfuegos haya recorrido a pie “toda” Centroamérica.

Asegura que su texto es “siempre fiel a lo que se ha estado escribiendo los últimos años”. No lo creo, tampoco. El texto denota bilis, no investigación de la literatura salvadoreña. Tampoco se nota que haya sido “siempre fiel” a lo que en un país en el que no ha vivido por largo tiempo se está construyendo.

Así como no hay selva en El Salvador sino bosque tropical nuboso, tampoco hay “guerrilla urbana”, decir eso es una licencia bastante peligrosa para nombrar la compleja vorágine de violencia de nuestros países.

También comete otro error en su investigación, Xibalbá no fue el “único” taller literario durante los ¡doce! años de guerra.

Otra falacia de generalización: “Como en todos los países de Latinoamérica, la poesía de El Salvador se conforma por grupúsculos y cotos de poder igual de pequeños que el país”.

Es un error que suele cometer la gente que no tiene oficio que, para darle fuerza a sus supuestos argumentos, utiliza generalizaciones tipo “como en todos los países”.

No hay pruebas que Javier Alas y Álvaro Darío Lara tengan más currículum que calidad, eso está dicho a la rápida y nacido, sin duda, de alguna rencilla personal de Cienfuegos contra estos autores.

Tampoco tiene pruebas para sostener que “el grupúsculo con mayor poder simbólico dentro de El Salvador, el grupo que más redes de amiguismo y sectarismo ha constituido a lo largo de Iberoamérica, al epitome de lo que se puede lograr con mafia y conexiones políticas en Centroamérica, el grupo de Jorge Galán, que se reuniera en torno a la UCA (Universidad Centroamericana José Simeón Cañas), estaba integrado por Roxana Méndez, Carlos Serpas y Mauricio Courtade”.

Acusar de mafia a cualquier persona, sin pruebas, dada la coyuntura actual, es también injusto y peligroso.

En este párrafo, también notamos que el que escribe perdió la posibilidad analítica y se dejó llevar por algún resentimiento. Tal vez alguno de ellos le dijo que no hay quetzales en Morazán o algo así.

No acepto que alguien que escriba sobre Clint Eastwood y la “selva” salvadoreña pueda llamar “cliché” a otras escritoras como Elena Salamanca o a mí. No acepto que se nos acuse sin pruebas de “compadrazgo” y “zalamería”, cuando son demasiadas las traducciones, reseñas, publicaciones, festivales y viajes a las que hemos sido invitadas para que los críticos o anfitriones no se hayan tomado el trabajo, que no se tomó Cienfuegos, de leernos.

Tampoco comulgo con la idea que El Salvador tiene un bajo nivel epistémico, eso sería descalificar injustamente todo el pensamiento y escritura que se ha generado en nuestro país.

La autopromoción que denomina Cienfuegos no es tal, el tener blogs y páginas en redes sociales es algo usual y se trata pues de dar a conocer el trabajo de cada quien, lo cual es más que válido. Él mismo subió fotos de su lectura en Chile y nadie corrió a acusarlo de autopromoción.

El poeta Vladimir Amaya nunca ha propiciado que se me invite a ningún evento, ni siquiera estoy incluida en su antología, eso sí, respeto muchísimo su labor poética. Por lo que, la afirmación de que Amaya es nuestro promotor es, como muchas de sus sentencias, falsa.

También es falso asegurar que no venimos de ningún taller, al menos yo, he participado en los talleres de Roberto Laínez y “Elementos”, en El Salvador; y Saúl Ibargoyen, David Huerta y Javier Norambuena, en México.

Tampoco acepto desconocer la tradición poética centroamericana, cuando coordiné el año pasado el Seminario de Literatura Salvadoreña en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y soy una de las coordinadoras del “Primer Coloquio de Cultura Centroamericana ‘Lilian Serpas’: historia, ciencia social, literatura y filosofía” a realizarse en marzo del próximo año en la UNAM.

Si Cienfuegos se hubiese tomado el tiempo de leernos sabría, definitivamente, que no somos de derecha. Mi familia, como la suya, también es de izquierda. Pero, claro, decir que somos de derecha es una acusación fácil que pretende descalificar a poetas que no cumplen con sus estereotipos de “comprometidos”. 

Ser inconexa y disparatada, lo tomo como un cumplido, porque no deseo ser conexa y constreñida. La poesía que me gusta leer es inconexa y disparatada.

La invitación para el señor Antonio Cienfuegos es que busque construir una logopea poética honda, en vez de andar criticando la de los demás, también lo invito a dar la vida en la escritura y la investigación.

Cuando uno da la vida en la escritura no tiene por qué andar insultando a las personas, difamando y derramando bilis.

 
Lauri García Dueñas

Centro Histórico, Ciudad de México, 6 de noviembre de 2014.