viernes, noviembre 29, 2013

Ofelia

Ofelia, no saltes al río
no trepes al árbol que abajo el arroyo.

Ofelia, no era tu muerte un charco de sangre en las baldosas de un viejo edificio.

Flota
que tu vestido no se llene de agua.

No es por ti su locura grandilocuente
no sufre por ti de vómitos, angustias o sombras.

No cantes más.

Ha matado a tu padre y podría haberte llevado en la punta de su ofuscación.
Lo hizo.
“No te amé”, dijo.
Tampoco el convento.
Tal vez sólo un silencio discreto que acepte que ese hombre
no enloquece de amor. 

1 comentario:

Pablo Rendón dijo...

¡Pobre Ofelia! Víctima del amor y la locura que son, a fin de cuentas, dos caras de la misma moneda.

Un saludo.