jueves, septiembre 15, 2016

Nociones de patria

Desde que nació Agustín, la palabra patria es todavía más incierta y dúctil para mí, porque aunque tengo diez años viviendo en el extranjero, para los mexicanos soy salvadoreña y para los salvadoreños, mexicana.
Quedé entonces en el limbo de los desterrados y exiliados por voluntad propia, con los afectos divididos y cada día extrañando a la mitad de mi vida, independientemente de la geografía en que me encuentre.
Pienso en la palabra patria y me vienen a la mente el mar Pacífico, la lengua española, los vínculos sanguíneos y escogidos, la tierra negra, la arena, cierta música y lo mismo una pupusa que un buen mole verde.
Cómo, ahora que soy madre, le enseñaré a mi hijo lo que siento por un país en el que no vivimos. He empezado, sin planearlo, mediante el lenguaje, surco de tantos equívocos. Le canto el Poema de Amor de Roque Dalton, versión Yolocamba Ita, y cada vez que lo hago mis ojos se vuelven laguna viendo en Youtube a los hijos de Roque llorar, no por el poeta sino por el cuerpo del padre desaparecido, asesinado y sin sepultura, le canto “Canasunganana” de Exceso de equipaje, que en la universidad no me gustaba y ahora sí. Lloro pensando en la abuela trabajadora a la que le urge que el bebé duerma para hacer el quehacer, como a mí. El llorar, en mi caso, es un mecanismo descompuesto, como dice Rosario Castellanos. Últimamente, tengo el botón de llorar en ON cuasi permanente. Hormonas, dicen.
Desde este país diferente que es la maternidad, también le canto “El sombrero azul”, versión Ali Primera y en mi voz quisiera que cupiera , al menos, lo que sé del paisito desde la cruenta masacre de 1932, poder contarle de la guerra civil, la violencia, pero también quisiera regalarle a mi hijo una bandada de pericos extintos a las 5 p.m. o una nieve del Pops.
De qué se trata entonces esa sustancia incierta denominada “patria”. Antonio, uno de mis estudiantes del taller de Poesía Vida en el reclusorio de Acapulco, dijo que patria es lo que tú quieres que sea. De repente, una se siente sin suelo, al menos yo me siento así a un año de haberme mudado de ciudad, y, de pronto, me asola el vértigo por lo desconocido o lo que me queda por construir de posibles vínculos.
Mientras esta ola de vértigo pierde fuerza y voy cayendo en situación; la canción, mi propio canto, la música, se ha vuelto parte de la patria fragmentada que comparto con mi hijo.
Pronto, él conocerá a mis padres, a mi familia, a varios de mis amigos de allá, el color del cielo de El Salvador, la vista al volcán de San Salvador y un poco del sabor de la comida que se vuelve patrimonio emocional en la infancia y tendrá, al menos, dos patrias (El Salvador y México), resquebrajadas, asoladas por circunstancias sociales extremas, pero también como un cosmos lleno de posibilidades.
Para mientras, le sigo cantando y, aunque supuestamente no me entienda, yo sé que me entiende, seguiré tarareando todo lo que pueda recordarme a El Salvador. La patria también es canto ¿Verdad?

2 comentarios:

Clauso M. L. dijo...

Y de pronto, a las lágrimas de tus palabras y las mías; las lágrimas, vuelvo a sentir que estando yo al otro lado del mundo... las posibilidades de mi micromundo que es El Salvador son infinitas y entonces duele más la suerte de ese manojo de seres humanos y esos millones de manos y almas.

Violeta Rodríguez dijo...

Gracias Lauri por tan hermoso post. A punto de ser mamá y me siento tan identificada con tus palabras. Gracias por describir tan bien esa noción de patria que para mí, ha cambiado y mutado tanto desde que vivo en aquí en los Estados Unidos. Un gran abrazo lleno de mucha admiración y respeto.