miércoles, junio 17, 2009

la ciudad de los alambres rotos

es de noche

la ciudad duerme sus párpados de calles iluminadas

hombres vestidos de naranja barren la huella de millones de seres que antes caminaron su propio peso

las cúpulas de los edificios persisten en su sinuosidad gris

la luna llena aparece redonda al filo horizontal de la espera

suena el ejército de vasos en las cantinas

la música se multiplica

.

el ventilador crece en sus aspas

rompe el polvo y mi cuerpo dibujado en el colchón

pasan las hojas de una lectura que no suma

letras ni sentido

marcas mi número y me descuelgo los cinco pisos de un edificio antiguo

viejo, como esta necesidad de ti golpeando la roca

.

los adoquines sienten en sus encías el paso de los neumáticos

los rótulos de las calles con nombres de repúblicas me llevan hasta el lugar común

donde nací

hace calor

el mismo que duerme en las alcantarillas y sus hombres de lodo

en la avenida principal los gendarmes miden el alcohol

para que no rebalse en heridas de metal/ y no manche el asfalto de sangre

.

pero la sangre es incisiva y derrumba los diques

cuando el deseo perpetua la rabia

y llega la hora de la muerte negra

que nadie busca

.

adentro

descansan escuadras, lápices, papel

ropas, máscaras, medicinas

las orillas de todas las cosas que venden en las tiendas cuando es de día

pero es esta noche

la noche de todas las cosas que podrían multiplicarse

hasta anudarse en miles de conversaciones absurdas

que separen a los amantes y dejen las bancas

vacías

.

en la mesa intentamos hacer de nosotros ese hilo inseparable

pero las cabinas de teléfono son más pequeñas que tu porte

no llama nadie o todos llaman

la sangre

-esa sangre que también se derrama-

hace que mi función cerebral vuelva nuestra plática

ilógica

la lógica es la ciencia que surgió con la Razón Iluminada

pero qué más da

si es noche de luna encrucijada/las mareas crecen/

la ciudad cobija a todas las presas y sus victimarios sádicos

y vos sos un náufrago que agoniza

entre kilos de Nada y toneladas de plástico acumulado en las banquetas

.

en el Dos Naciones se mueven voluptuosas ficheras

menean las caderas en disimulada alegría vital

ellas

son las únicas felices

en medio del desorden cáustico

que nos atañe

.

pequeñas cucarachas se reproducen en explosiones de huevos

las ratas corren a un lado de las tiendas de veinticuatro horas

veinticuatro horas no son suficientes para el distrito federal

.

los girasoles yacen asesinados

su féretro es una papelera

.

a esta hora, esas flores muertas

guardan silencio

brillan

con el último amarillo de este mundo

.

si los mariachis tocaran todas las tristezas de la humanidad

yo les pagaría la última canción

de una isla lejana en la que intenté olvidarte

pero no pude

.

habrá que acompañar el andar de los semáforos

de prostitutas y travestis que ofrecen su turgencia sin escafandras

de botellas vacías que ruedan por el Eje Central

.

habrá que esperar

que los faroles se retuerzan en su luz

que el bulto del sexo escondido entre elásticos

haga crujir la tierra que caminamos

.

yo

tendré que esperar

.

la mendiga sin ojo no aparece en la escena

duermen en los portales los cadáveres vivientes de la especie

orillados a la mugre que forjamos los demás:

cotidianos orgullosos de nuestro comportamiento y propiedad

.

en la calle Violeta

de seguro

el sastre estará pervirtiendo a su ayudanta

rezándole a la Santa por otra oportunidad

el Viaducto es el río sonoroso de los vencidos que recién llegaron a casa

y pretenden cerrar la puerta

al miedo que persiste en gotas

.

dentro de esta historia cabrían todos los kilómetros cuadrados

de suburbios diseñados en agonía

de ciudades dentro de otras ciudades

de parques sombríos a cualquier hora

de helechos que truenan cuando los cuerpos invaden

.

pero no es tiempo de poemas épicos

la pluma no alcanza a extender su insólita red de carne

carne que avería la perfecta inclusión del verso

.

éste es sólo el cuento incompleto que te hice

cuando horas después

la temperatura bajó

como cae el vértigo

en los hombros cansados

de los insomnes

nadie llama o todos llaman

.

y vos

abrazaste mis formas envueltas en tela pequeña

rozaste las piernas de estas calles vacías

destrepamos los cinco pisos de una azotea de alambres rotos

quebramos la cama

nos comimos casi en el piso

dormitamos el dulce hedor del sexo y sus monumentos

.

hasta ver parir la madrugada.

2 comentarios:

Leo Zelada Grajeda dijo...

Me gusto este poema.

Emiliano Álvarez dijo...

qué bonito!!!!!!!!