jueves, septiembre 03, 2009

No podemos seguir así

Mi tesis de maestría, que seguro actualmente está acumulando polvo en los anaqueles de las bibliotecas, tiene un nombre rimbombante: “La percepción social de la violencia y la elaboración de la nota roja en la prensa escrita salvadoreña”. Dicha investigación de casi tres años nació de una preocupación personal por la vorágine de violencia que tiene secuestrado a El Salvador. Hoy, la consternación volvió a mí.
Toda la mañana he tenido ganas de llorar. Al desayuno, mi padre me preguntó ¿Ya sabés? Y yo dije no. Preferiría no saber. Ayer asesinaron al cineasta francés Christian Poveda, quien durante años se dedicó a documentar el fenómeno de las pandillas y quién recientemente estrenó el documental sobre la mara 18: “La vida loca”.
Christian es uno más, pero al mismo tiempo no. No lo es, porque hoy ha empezado una nueva era en el país. Anteayer no mataban cineastas ni periodistas, ahora sí.
Han muerto miles de personas por esta violencia de posguerra, se cuentan por lo menos diez diarios, y aparentemente nadie hace mucho.
Hace poco leí una entrevista de Roberto Valencia al padre Pepe quien desde el Polígono Industrial Don Bosco ponía el dedo en la llaga. Ni siquiera sabemos qué son las maras, decía. Entonces, cómo combatir un problema social que no tiene rostro, que no se comprende, que no ha sido investigado lo suficiente.
Y la violencia, seamos claros, no es culpa solo de las maras, sino de un país carcomido por la falta de institucionalidad, por una fiscalía que resolvía solo el cuatro por ciento de sus casos. Vaya estado de derecho.
Mientras escribo estas líneas, suena mi celular. Es un amigo, abogado. “No estés triste, aquí así es”. Aquí. Así es. Discuto.
Ya me cansé de atreverme a decir la frase cabizbaja de “este país no sirve”, de seguir la broma “apaguemos la luz y vayámonos todos”.
Yo me fui. Me fui por muchas razones y en los próximos días me vuelvo a ir. No vivo en la ciudad perfecta. Pero en el Distrito Federal puedo caminar de noche, llegar a mi casa a las doce de la noche, en la madrugada, caminar por el centro histórico, no estar volteando a ver para corroborar si alguien me sigue o asustarme cada vez que veo un carro polarizado. Continuar rumiando mis sueños de autora. Al norte y al sur de ese país la realidad es otra, vivo en mi burbuja.
¿Soy cobarde? ¿Qué hago? ¿Me pongo a llorar frente a esta computadora vieja? ¿No me voy? ¿Hago una huelga de hambre? ¿Consigo el número del presidente? ¿Del ministro de Seguridad? ¿Qué les digo?
Llega el mediodía y otro colega me dice “sería tan fácil como prohibir las armas de fuego”, claro ¡Hay al menos medio millón de ellas en manos de civiles! Eso solo si contamos las que están registradas. Y somos 5,7 millones de habitantes, veamos, ¿Es decir que de cada diez habitantes uno tiene un arma? No es lógico.
Esto es lo que nos está pasando desde hace años. Nos están matando.
Nuestras autoridades actuales, que recibieron un país en ruinas de manos de aquellos que nos gobernaron durante veinte años, la sociedad civil, la empresa privada y los ciudadanos de a pie tenemos que hacer algo. Me encanta la idea de otra huelga de brazos caídos, pero eso es porque soy muy utópica. En segunda instancia, creo que nadie debería incidir sobre este territorio, nadie debería mover ni el dedo meñique, hasta que prohíban las armas de fuego en manos de personas que no son Estado ni autoridad.
Leí la columna de Edu Ponces quién hoy salió a tomar fotografías, pero antes expresó su rabia, su asco, su condena por el asesinato de un colega. Yo también lo hago. Tenía que ponerme a escribir sobre las teclas de esta máquina vieja, gritar de alguna forma: N-O-P-O-D-E-M-O-S- S-E-G-U-I-R -A-S-I. Y es que no podemos.

3 comentarios:

nohasidofacil dijo...

yo no quiero q me roben los sueños.. buu

la illoldi dijo...

y a pesar de, seguir...

sí se puede, amiga, poeta

nosotras podemos

abrazos

Sor Juanais dijo...

tanto por reflexionar!
tanto por hacer hermana!
juntas es más facil...y aunque no cambiemos el mundo, siempre podremos cambiarnos a nosotras mismas.